domingo, 20 de diciembre de 2009

PERMUTERAN EN TRANCE


Esta mañana, a pesar de poner el despertador pronto para meditar, no le he hecho mucho caso permitiéndome dormir un poquito más. Después de un desayuno reconfortador, he tenido que ir a Seririt para sacar dinero ya que hemos tenido uno de esos despistes que uno tiene cuando no conoce el terrena ya que nos pesábamos que en Permuteran, siendo tan turístico como decía la guía, habría ATM de sobra. Pero nos hemos dado cuenta que no es tan turístico como pensábamos, por suerte, y también por desgracia porque he tenido que hacer 70Km con la moto para abastecernos de esos papeles tan insignificantes y al mismo tiempo tan valiosos en nuestra civilización.

Después hemos alquilado dos pares de aletas y unas gafas de bucear para hacer snorkel en la playa. Cerca de nuestro hotel, hay un pequeño arrecife de coral “semiartificial” donde habitan peces payas1os, nemos con sus anémonas, estrellas de mar de color azul eléctrico, conchas y un sinfín de peces de colores vivos y llamativos que no alcanzan a identificar mis escasos conocimientos marinos. No obstante, no hace falta ser un experto para maravillarte ante tal impresionante espectáculo marino. Yo incluso me he permitido el lujo de bajar algunos metros en las profundidades para ver de más cerca esta vida tan diferente a lo que los ojos están acostumbrados a ver.


El esfuerzo ha sido considerable y teníamos que reponer fuerzas, así que hemos decidido darnos un LUJO en Bali y hemos aposentado nuestro trasero en el Hotel Atmelar. Allí hemos tomado un Martini y un zumo de Papaya dentro de la azul piscina mientras mirábamos el mar. Luego nos han traído una ensalada de calamares para empezar y el atún a la plancha y el Goda-Godo (plato típico de Bali hecho con tofu, temphe y verduras con una salsa de cacahuetes). Luego hemos tenido que movernos solo unos metros para llegar arrastrándonos a las acolchadas hamacas para hacer una apacible siesta. Por la tarde, un poco más de snorkel y disfrutar de la piscina como dos enamorados. Y por último nos hemos acercado al templo Pura Pulaki para ver como el cielo va cambiando de colores rojos vivos, a rosados, para finalizar con violáceos y azules grisáceos en la puesta de sol con la bahía de fondo. Me encanta estas horas del día porque todas las cosas toman un color rosado.



Pero el día estaba lejos de terminar. Después de cenar y llegar al hotel, hemos escuchado una música que nos ha llamado la atención. Así que hemos vuelto a salir y hemos encontrado que un grupo de gente del pueblo estaba celebrando una ceremonia. Hemos visto varias danzas tradicionales de Bali donde bailarines bastante jóvenes estaban engalanados con atuendos dignos de reyes con vestidos dorados y coronas. Las danzas consistían principalmente de movimientos de las manos con los dedos completamente estirados y haciendo mudras, y la cabeza la movían como si fueran egipcios. A mi he ha recordado a un danza que vimos en Mysore, Vietnam mezcla con el Katakali de Kerala, India. Puede que los orígenes sean los mismos porque en ambos lugares, al igual que en Bali, predomina la religión Hinduista. La música procedía de varios xilofones, platillos, bongos y una especie de platos anchos de bronce que precaucionaban con madera. Dado los instrumentos era más bien una música metálica y al mismo tiempo inarmónicamente rítmica. La verdad es que es difícil de describir. Pero más difícil de describir es lo que hemos presenciado a continuación. Sin dejar de sonar la música, la gente se ha puesto a bailar en medido del círculo y de repente hemos visto como algunas personas empezaban a retorcerse y a convulsionar como si tuvieran un ataque de epilepsia, aunque realmente lo que pasaba es que estaban en trance. Acto seguido a estas personas se les ha entregado una especie de espada sagrada cuya vaina y empuñadura eran de madera, pero su filo era de metal. Con la espada en la mano y con los ojos cerrados se movían por todo el círculo a rítmico de la estrepitosa música mientras una persona cuidaba para que no hiciera nada a nadie. Muchas veces, cuando la música aumentaba de ritmo y estruendo, se apoyaban la espada sobre el pecho y empezaban a presionar con todas sus fuerzas como si quieran calvársela, aunque cuando la retiraban no había marca de sangre por ninguna parte. Después de varios minutos en trance y intentar clavarse la espada varias veces, las personas poseídas caían exhaustas y eran acompañadas para que descansaran dentro de la casa. Al mismo tiempo, la espada se volvía a enfundar y se retiraba al templo donde era bendecida de nuevo para que otra persona en trace pudiera utilizarla.

Nosotros hemos asistido a tan dantesco espectáculo más de 40 minutos y alrededor de 15 personas han entrado en trance. Al principio nuestros ojos no daban crédito a lo que veíamos, y nuestros semblantes serios y preocupados contrastaban con sus sonrientes caras cada vez que una nueva persona entraba en trance. Algunas de ellas eran mujeres mayores que cuando bailaban tenían la fuerza y agilidad de adolescentes.

Cuando hemos vuelta al hotel, el propietario nos ha explicado que es una ceremonia que se hace en honor a Kala (Kali, diosa de la destrucción en el Hinduismo ) donde han sacrificado a un cerdo, a un perro y a una cabra negra. El baile es parte de la ceremonia que sirve para limpiar y dejar el área despejada para la nueva pareja que se casará. O sea que todo esto, es una ceremonia previa.

También nos ha explicado que desde el templo Pura Pulaki hasta Luang Palang es una zona sagrada donde antiguamente vivían muchos tigres balines, ciervos y otros animales salvajes, que en actualmente ya no habían en este Parque Natural debido al abuso humano de los recursos que antes existían.

viernes, 18 de diciembre de 2009

BALI: LOS MOCHILEROS MOTEROS



Bali nos es una isla muy grande pero tiene muchas cosas para hacer y visitar, desde visitar los peculiares templos hinduistas, explorar la flora y la fauna de sus montañas, snorkelear en sus preciosos arrecifes de coral o hacer un trekking en medio de volcanes. La verdad es que queríamos hacer muchas cosas y parecía que el trasporte público aunque llega a la mayor parte de los pueblos costeros y turísticos de la isla, no brindaba la misma posibilidad para explorar las regiones interiores. Así que ni cortos ni perezosos nos hemos alquilado una motocicleta para explorar las maravillas que nos deparaba esta famosa isla, pasando a ser mochileros moteros.


El primer día ya hemos descubierto las ventajas de nuestra acertada elección, ya que por la mañana fuimos a visitar el templo Pura Tanah Lot, situado en lo alto de una pequeña isla dentro del mar. Y es que en toda Bali hay un conjunto de templos emplazados mirando al mar eregidos por el sacerdote Nirartha en el siglo XVI, quien tenía predilección por el océano. Este templo es uno de los más fotografiados de todo Bali dado su entorno y emplazamiento.


Luego nos hemos dirigido hacia el interior para descubrir en Jaliluwih un paisaje completamente diferente al costero con verdes terrazas de arroz acompañadas de palmeras que hacen el deleite de los ojos. Cercano a este pueblo se encuentra uno de los templos más místicos y tranquilos de toda la isla. El Pura Luhur Batukau se encuentra en medio de la selva tropical con el único sonido de fondo de los pájaros y los sacerdotes oficiando ceremonias. Es extraño, pero a los turistas permiten la entrada sólo a ciertas zonas, restringiendo el paso a las áreas donde se ofician las ceremonias. Supongo que es debido a la mala costumbre que tenemos de sacar demasiadas fotos, faltando el respeto en algunos momentos y lugares tan sagrados como estos. Otra cosa imprescindible para entrar en los templos es disponer de un sarong, una especie de pareo que te colocan alrededor de la cintura y por la cual te cobran.


Como curiosidad, puedes leer los paneles colocados en la entrada de los templos que no está permitido la entrada a las mujeres con el período, las mujeres embarazadas, las mujeres cuyos hijos aún no tengan dientes, las personas que no vaya apropiadamente vestidas, las personas locas y algunas particularidades más que ahora no recuerdo.

Par la tarde, hemos tenido que recorrer varios Km para encontrar un hotel donde pasar la noche. Y es que no todos son ventajas en la vida del mochilero motero, a veces tienes que tienes que vértelas y deseártelas para orientarte en unas estrechas carreteras, en medio de campos de arroz donde las personas locales, aunque muy amables, no hablan nada de inglés y es difícil hacerte entender. Al final, hemos encontrado una super-habitación en un hotel que todavía está en construcción y donde los únicos inquilinos éramos nosotros.

jueves, 17 de diciembre de 2009

BIENVENIDOS A INDONESIA

Nuestro vuelo a Denpasar (Bali) salía de Bangkok el 16 de diciembre a las 06.15h de la mañana. Al ser un vuelo internacional teníamos que estar en el aeropuerto con 2 horas de antelación. Eso eran las 04.00h de la madrugada. De Bangkok al aeropuerto hay unos 30-40 minutos en taxi, de modo que teníamos que levantarnos sobre las 02.30h para llegar a buena hora. Decidimos que no valía la pena y tras un día de compras y trajín en Bangkok cogimos un taxi sobre las 22.00h y nos fuimos al aeropuerto internacional. Entramos en el fabuloso recinto y buscamos un sitio para pasar la noche. El lugar elegido fueron unos bancos más o menos blandos frente a los mostradores de nuestra compañía Air Asia. Intentamos pasar las horas de la mejor manera posible. Pepe estuvo curioseando su nuevo juguete: un portátil Acer Aspire One. Una monada desde la que ahora mismo estoy escribiendo. Yo enseguida adopté una postura horizontal e intenté dormir. Fue una empresa algo difícil ya que el aeropuerto estaba de lo más animado: máquinas puliendo el suelo con un pi-pi constante, un equipo de personas con grúas hasta el techo que colgaban Papa Noel y renos y unas pruebas de funcionamiento de altavoces que cada 10 minutos hacían un ruido del hiperespacio. Con todo conseguimos dormir un poco. Sobre las 04.00h abrieron los mostradores de facturación y pudimos endosar las mochilas. Luego nos regalamos un desayuno americano con huevos, bacon, salchichas y té. Estábamos listos para las 3 horas de vuelo que no separaban de nuestro paraíso. Yo las pasé durmiendo y Pepe leyendo. Cuando me despertó la voz del comandante del avión avisando que en breve íbamos a aterrizar empecé a mirar por la ventana y vi palmeras, casitas pequeñas, vegetación, árboles en flor y lo mejor de todo, el mar.

Nos dirigimos directamente a Kuta. Es una ciudad al lado del mar; su playa es enorme y está salpicada por surferos que se deslizan por sus olas. Hay un montón de buenos hoteles, tiendas de ropa muy bonita, biquinis con diseños que nunca había visto, bares, restaurantes, tiendas de muebles y decoración, alquiler coches y motos, escuelas de submarinismo,… es decir de todo. Decidimos darnos un respiro (de vez en cuando lo hacemos) y cogimos un hotelito que no estaba en primera línea de mar pero tenía aire acondicionado, amenities, toallas, cama y almohadas mullidas y una piscina estupenda. Aquí hemos pasado dos días de pleno relax y descanso. ¡Por fin hemos conseguido hacerlo¡ Llevamos 5 meses de viaje y aunque nos proponemos hacer relax, siempre nos pueden las ganas de hacer y ver cosas nuevas y diferentes. Así que hemos estado rodeados de australianos y australianas con cuerpos Danone que bajaban a la piscina a las 07.ooh de la mañana para coger hamaca. Nosotros nos levantamos a las 12.ooh y siempre teníamos la suerte de encontrar una hamaca libre y sin tener que darnos el madrugón.

El día que llegamos fuimos directamente a una librería para comprar la correspondiente Lonely Planet: Bali y Lombok. En Bangkok la tuvimos en las manos varías veces y más barata pero decidimos comprarla al llegar a destino. Pues bien, mientras la estábamos ojeando conocimos a un señor que nos recomendó un lugar para ir a cenar. Esa misma noche alquilamos una moto y nos fuimos a Jimbaran, un pueblecito al sur de Kuta. El restaurante a primera vista era un chiringo de playa con la cocina al otro lado de la calle. Nos dijeron si queríamos cenar dentro o fuera y dijimos fuera, así que salimos a la arena de la playa y allí, frente a nuestros ojos vimos mesas y sillas de madera sobre la arena blanca, el mar en tonos rojizos y púrpura del atardecer y decenas de velas como si fueran luciérnagas flotando en el aire. La brisa del mar era suave y había un grupo de 5 músicos tocando clásicos de Bob Marley y Bryan Adams que se iban paseando por las mesas. Pedimos una barbacoa para 2 personas: pescado, gambas, cangrejo, almejas, calamares y langosta. Y para acompañar patatas, verduras, sopa y ensalada. Os podría seguir contando pero sobran las palabras. Un lugar mágico y un momento inolvidable.

Cuando llevábamos un rato empezó a llover y tuvimos que ir dentro del restaurante. Aún así tenía su encanto estar en plena tormenta tropical y degustando semejante exquisitez. Una buena amiga de Auroville nos dijo que cuando llegas o te marchas de un lugar y llueve es que el lugar te bendice. Nos llovió al irnos de India, nos nevó al llegar a China y nos ha llovido en Bali. Bendecidos estamos.

Cuando amainó un poco la tormenta cogimos la moto y volvimos a Kuta. El cielo nos respetó hasta que llegamos al hotel y empezó a llover de nuevo. Pepe salió a la terraza de la habitación a recoger la ropa para que no se mojara y cayó un relámpago que iluminó toda la habitación; el siguiente trueno fue el más fuerte que he oído jamás. Pareció como si se hubiera partido el mundo. No os imagináis lo bien que dormimos arropados en nuestra blanda y ancha cama. El día siguiente amaneció soleado y luminoso. Estamos en época de lluvias y muchos días llueve un ratito, aunque de momento siempre ha sido por la noche o muy temprano por la mañana. Bienvenidos a Indonesia!

sábado, 12 de diciembre de 2009

MEDITACIÓN VIPASSANA



Hoy es nuestro último día en Laos y queríamos aprovechar para visitar algunos otros lugares. Así que después de desayunar nos hemos ido a visitar a Xieng Kuan (Buddha Park). Este parque situado a 23 km de la ciudad contiene más de un centenar de figuras hinduistas y budistas. De hecho, su creador, el sacerdote Luang Pu, intentó crear una doctrina que unía tanto religión hinduista como la budista. En muchas esculturas se puede ver esta mezcla de ambas religiones, observando a algunas figuras de Buda con el tridente típo del induista dios Siva. Algunas figuras incluso eran un poco macabras, pero como dice el refranero “Para gustos, colores”.


De vuelta al hotel, hemos parado en el templo
Wat Sok Pa Luang. Allí, todos los sábados, los monjes que habitan el templo hacen una meditación vipassana para personas interesadas o curiosas del tema. Aunque también pudimos comprobar que había mucha otra gente que era asidua a la meditación semanal, muchos de los cuales eran laosianos.

Por lo que pudimos entender,
Vipassana significa “ver la realidad”. Es decir, ver el mundo tal cual es eliminando todos los filtros que aplica nuestra mente previo a nuestro entendimiento. Para ello una de las cosas que persigue esta meditación es “parar la mente”. También nos explicaron que hay 4 tipos de posturas para la meditación; sentados con las piernas cruzadas, tumbados boca arriba, caminando y la última no la recuerdo.

Nosotros aquel día practicamos dos de ellas. La primera fue unos 20 minutos sentados en silencio con las piernas cruzadas y debíamos concentrar nuestra mente en la respiración. Es decir, debíamos omitir cualquier estímulo externo que venga por los sentidos y concentrar la mente en algo tan simple y esencial como la inspiración y a expiración. Si por algún motivo la mente se dispersa en otros y variados pensamientos, hay que tomar consciencia de ello y volver a la respiración. Parece sencillo, ehhh? Inténtalo pues y ya me contarás el resultado.

Luego hicimos la meditación en movimiento. Ésta consiste en caminar muy, muy, muy lentamente con los ojos abiertos y tomando consciencia de cada movimiento del cuerpo al caminar. Para ello nos dieron las pautas siguientes en tres movimientos que podrían ser; levantar el pie, desplazarlo y apoyarlo, y vuelta a empezar con la otra pierna. En esta meditación también es importante la respiración, tomando consciencia de ella junto con el movimiento.
Hay muchas disciplinas de meditación, pero por lo que estoy viendo todas ellas buscan un objetivo común, eliminar el velo que nos impide ver la realidad tal cual es. Sin nuestros esquemas mentales, nuestros condicionamientos, sin muestras emociones, sin todo aquello que ensucia el prisma que somos para dejar pasar la luz del espíritu.

Con nuestra mente completamente serena, no nos apetecía hace nada extresante. Así que fuimos a probar un masaje típico de Laos. El masaje consiste en prisiones sobre los músculos y algunos estiramientos, para después ponerte unas pintas calientes que contenían hierbas terapéuticas. Ha sido genial, el calor de las pintas penetraba dentro de los músculos consiguiendo un relajación más profunda, al mismo tiempo que el calor ayudaba a las articulaciones y los órganos internos.
Ha sido una despedida genial que nos ha brindado Laos como guinda a nuestra estancia en tan natural y espiritual país.

GRACIAS LAOS.

viernes, 11 de diciembre de 2009

CAPITAL DE LAOS? VIENTIANE


A pesar de levantarnos a las 6:00, hemos perdido el autobús local que nos tenía que llevar a Vientiane, la capital de Laos. Así que hemos tenido que coger una pick-up que también hace el mismo recorrido pero en una hora más. Pero sabiendo lo que es ir a una furgoneta sentado en la parte trasera, le hemos pedido al conductor sentarnos con él e la cabina donde, a pesar de ir apretujados, el asiento se mucho más cómodo que la tabla de madera de la parte posterior. En realidad, ha sido todo un acierto porque el conductor chapurreaba un poco de inglés, con lo que hemos podido aprender algunas cosas más del país. Por ejemplo, el sueldo medio de un laosiano está sobre los 50-100$ mensuales, la población de Laos es de unos 6 millones de personas, una casa típica de bambú y hojas de palma puede costar unos 600$ y una casa tipo chalet con dos plantas, porche y jardín sobre os 6.000$ a 8.00$. Otra dato curioso es que la mayoría de las infraestructuras las está subvencionando y construyendo la China como las carreteras, puentes, incluso construyendo las fábricas de cemento para la construcción. Lo que no sabemos es que se lleva el Gobierno Chino a cambio de tanto “favores”. Por otro lado, en todo Laos, solo hay una universidad pública que se encuentra en la capital y normalmente se requiere un buen poder adquisitivo para enviar a los hijos a la universidad. Y es que bajo nuestro punto de vista, hemos encontrado Laos más cara de lo que esperábamos para ser un país del sudeste asiático.

A parte de los datos prácticos, el conductor, que se llamaba Olé, se ha empeñado en enseñarnos laosianos asegurando que en 2 semanas podríamos hablar su lengua. Así que hemos aprendido a contar del 1 al 10, también los centenares y los millares, ¿Cómo te llamas?, Me llamo… y algunas palabras más que ahora mismo ya no recuerdo. Después de media hora de escuchar laosiano e intentar repetir las frases, nos ha entrado un dolor de cabeza junto con una pequeña molestia en la garganta, y es que los sonidos son muy guturales y el sonido “ñ” se utiliza en casi todas las palabras. En general, ha valido la pena nuestro viaje de 4 horas ya que nos ha permitido conocer mejor algunos aspectos de este país y es que la única forma de conocer un país es estar en contacto con su gente y compartir momentos como estos. Esto lo hemos aprendido a lo largo de estos 6 meses que llevamos viajando por el mundo.

Al llegar a la capital, nos hemos encontrado una ciudad movilizada por los “Sea Games 2009”. Son como unos juegos olímpicos a pequeña escala donde solo participan los países del laos, Tailandia, Singapur, Vietnam y Malasia. Había mucha policía por las calles y de vez en cuando pasaba una comitiva a la americana con motos con sirenas abriendo paso, varios coches oficiales con los cristales tintados y algunos coches de policía al final.

Nos ha constado encontrar hotel debido a los juegos pero al final hemos encontrado uno económico que compartíamos habitación con una persona que se parecía mucho a un actor de series norteamericanas.

Después de comer nos hemos ido al templo Pha That Luang. Es una estupa budista muy antigua que ha sido construida, destruida y vuelta a construir varias veces. La última fue debida a la guerra de Indochina. Se dice que contiene la reliquia de un hueso de Buddha, aunque en la última reconstrucción hicieron excavaciones y no encontraron nada. Su color dorado en medio de unos jardines con buganvilias rosas, rojas y blancas, así como otros templos contiguos forman parte de este conjunto digno de admirar. No me extraña que sea uno de los emblemas de Laos.

Luego nos fuimos andando hasta
Patuxai, una “arco del triunfo” que en la guía quieren compararlo con el de Paris, pero si lo veis no hay por donde cogerlo. Sería como comparar una iglesia renacentista co n un rascacielos, si los dos son muy altos y tienen puertas y ventanas, pero nada más.

A pesar que algunos viajeros no nos recomendaban nada una estancia en Vientiane diciendo que era una ciudad bulliciosa y relativamente cara, nosotros nos hemos encontrado con una ciudad acogedora y con algunos tesoros interesantes para descubrir. Así que, aunque las opiniones de otros viajes muchas veces te ayudan a elegir mejor tu camino, no siempre son tan acertadas como desearais, y aunque sean ciertas, tu actitud delante de un lugar y su gente puede cambiar complemente la experiencia.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA


Vang Vieng es una ciudad que se encuentra a 120 km al norte de la capital de Laos. Aquí hay muchas actividades para hacer, la mayoría de las cuales está orientada al turismo organizado como bajar el rio Nam Song metido dentro de una cámara de rueda de camión, explorar a pie sus encantadores paisajes kársticos, escalar sus escarpadas montañas o adentrarte dentro la tierra a través de las mil y una cuevas que hay en sus alrededores.

Nosotros hemos decidido alquilar una motocicleta para visitar un conjunto de cuevas llamadas Tham Sang Triangle situadas a 16 km al norte de Vang Vieng. Era curioso ver a seis motos todas juntas por la carretera apropiándose de ella. Si hubiéramos llevado una chupa de cuero con un águila en la espalda, los pelos y las barbas largos y unas motos más potentes, hubiéramos parecido “Los ángeles del Infierno Laosiano”.

Al llegar a las cercanías de la cueva hemos visto un cartel pequeño y mal rotulado que pedía pagar parking por dejar las motos. Imagínate en medio de la naturaleza rodeado de montañas y palmeras, el rio Nam Song a nuestra derecha transitando por un estrecho camino y cuando se termina el camino aparece este cartel con dos mujeres sentadas a la sombra pidiendo dinero por dejar las motos. Increíble, pero cierto. Y es que en Laos se están dando cuenta que al turista se le puede “estrujar” para que vaya soltando el dinero. Nosotros, ni cortos ni perezosos, hemos aparcada las motos en una zona un poco más alejada donde no había cartel, por lo que nos hemos ahorrado el “impuesto revolucionario”. No obstante, no hemos podido evitar el peaje para pasar un desvencijado puente hecho con cañas de bambú que amenazaba desmoronarse con solo estornudar que permitía cruzar el rio hasta la zona donde se encuentran las cuevas.

La primera de las cuevas que hemos visto ha sido Tham Sang o Cueva del Elefante donde la tierra ha creado una estalagmita con forma de elefante y aprovechando tan singular acontecimiento los locales han adornado la cueva con varias imágenes de Buddha. La cueva es poco profunda y con una abertura lo suficientemente grande como para que la luz llegue a todos los rincones sin problemas.

Luego hemos continuado 1 km en medio de los arrozales dorados hasta llegar a las cuevas Tham Loup y Tham Hoi (por cierto, tham significa cueva en laosiano) donde al pagar la entrada también te ofrecían unos frontales para poder explorar con más detalle las cuevas. Además, un guía local se nos ha acoplado al grupo sin previa petición o conversación, pero la exploración resultaba un poco más segura (si se puede llamar de esta forma). Así que el Speleology´s Team formado por Javi, Raúl, Alberto, Pablo (un compañero de Madrid que había tomado el relevo a Rubén de vuelta a España), Anthoni (un francés que había conocido Pablo), Noemí y yo nos ataviamos con los frontales para iniciar nuestro particular “Viaje al centro de la Tierra”.

Iniciamos nuestra exploración por Tham Loup que se introduce unos 400m dentro de la montaña donde pudimos apreciar varias estalagmitas y estalactitas de piedra caliza muy impresionantes, algunas de ellas relucían como estrellas en la noche cuando las enfocábamos con la linterna.

La otra cueva, Tham Hoy, se adentraba 3 km dentro de la tierra, con lo que la cosa ya parecía más seria. Así que decidimos solo explorar algunos metros sin llegar al final. No obstante, nuestro guía “subalterno” también se apuntó a la segunda exploración. A la que nos hemos dado cuenta ya llevábamos una hora caminando dentro de tan oscuro y profundo lugar, y todo el equipo nos sentíamos con ganas y ánimos para continuar, excepto Pablo que le pudo su claustrofobia teniendo que volver sobre sus pasos. Y no me extraña, porque aquí entra una o dos personas solas y te vuelves a los 10 minutos pero como íbamos todo un grupo la sensación de seguridad aumenta, incluso diría que te creces por encima de tus posibilidades o limitaciones. Y si no preguntádselo a Noemí, que en otras circunstancias me hubiera insistido en salir a la mínima de cambio. Sin embargo, allí estaba no sólo internándose en las profundidades de la tierra sino también disfrutando de cada instante en tan recóndito lugar.

Dentro de la cueva había cavernas tan grandes como un polideportivo y espacios tan estrechos que teníamos que pasar a gatas. Además, en mitad del trayecto nos hemos tenido que descalzar para pasar por varios charcos donde el agua nos llegaba hasta las rodillas. En otros puntos había una arcilla tan pegajosa que los pies se quedaban enganchados como una especie de trampa que tenías que superar para llegar al tesoro escondido en las entrañas de la tierra. Y es que esta cueva después de sus 3 km llegas a un lago subterráneo increíble. El lago tiene unos 80 m de largo y aunque en la mayoría de los puntos tocábamos con los pies había grietas demasiado profundas como para comprobar su profundidad. Allí, en medio de la penumbra creada por nuestros frontales y con el único sonido de nuestra respiración, nos hemos dado uno de los baños más exóticos y salvajes de mi vida.

La vuelta no ha estado exenta de emoción, y es que Raúl y yo nos hemos rezagado un poco haciendo fotos y de repente íbamos por un sendero que no recordaba ningún punto familiar de la ida. Tras algunos silbidos y gritos, nos hemos percatado que la única respuesta que recibíamos era de los ecos de nuestras voces que volvían de la oscura profundidad ya que el grupo estaba demasiado lejos para oírnos.

En ese momento tus sentidos se agudizan, tus ojos observan cada detalle de la cueva, tus orejas perciben hasta el más sigiloso sonido y tu mente está complemente concentrada en procesar todos los estímulos externos para discernir el camino correcto hasta la salida. Realmente te das cuenta de todos los recursos de que dispone el ser humano en situaciones extremas como estas.

Nosotros decidimos desandar parte del camino para descubrir la bifurcación en la cual habíamos tomado el camino equivocado. De repente descubrimos algunos detalles en las piedras y formaciones calizas que nos resultaban familiares. Por lo tanto, sabíamos que habíamos pasado por allí, pero desconocíamos si íbamos hacia la salida o hacia las profundidades. Pero de repente, he visto una piedra con un agujero muy peculiar que me había resultado curiosa en nuestro camino de entrada. Esto me dio la seguridad que estábamos caminando en el sentido equivocado. Así que hemos girado 180º para reiniciar nuestro camino de vuelta a la superficie. Y es que aunque parezca sencillo, e incluso llevando guía y conociendo el camino de ida, es fácil perderse en una cueva de estas dimensiones. Además, por algún motivo uno tiende a desorientarse en tan silencioso y oscuro lugar.

Sin embargo, y a pesar de perdernos, en todo momento hemos conservado la calma y serenidad para reencontrar la salida.

HA SIDO UNA DE LAS EXPERIENCIAS MÁS AUTÉNTICAS DEL VIAJE.

Ahh, se me olvidaba. Al volver a las motos hemos visto que las mujeres habían movido el cartel del parking donde las teníamos aparcadas solicitando que les pagáramos parking. Qué cara tienen!!!!! Nosotros solo nos hemos reído de la cómica situación y por supuesto que no hemos pagado el reincidente “impuesto revolucionario”.

lunes, 7 de diciembre de 2009

LA OFRENDA


Son las 6 de la mañana, el despertador ha sonado y piensas: “Buff, no me levanto”, pero si quieres vivir una de las experiencias más religiosas de Laos tienes que hacer un esfuerzo por quitarte la morriña.

A las 6:30 ya estábamos en la calle, todavía no ha salido el sol y una ligera neblina cubre toda l ciudad. No obstante, se puede observar en la calles un vaivén de personas considerable, muchos de ellos llevan unos recipientes cilíndricos hechos de palma como si fueran tuperwares que contienen sticky rice (arroz típico de Laos). Poco a poco, las personas se sienten en las aceras sobre unas alfombras de mimbre formando unas largas filas mirando a la calle.

Poco a poco, el vaivén de personas empieza a aquietarse, y todas van tomando su asiento en un silencio relativo propiciado más por las tempranas horas de la mañana que por la solemnidad del acto requiere. En ese instante, empezamos a vislumbrar en la lejanía algunas formas de color naranja que se acercan hacia nosotros por la acera. A pesar de la poca visibilidad se reconocen que son monjes budistas ataviados con sus coloridos hábitos naranja y amarillo chillón. En sus manos portan un bol de bronce donde los fieles ofrecen pellizcos de sticky rice a modo de limosna. A parte de arroz, también se ofrece algunas frutas como plátanos, algunas chocolatinas y billetes envueltos en plástico.

El acto es muy bonito de ver ya que hay cientos de monjes en fila recibiendo las limosnas de los devotos que en un signo de humildad los ofrecen de rodillas.

A parte de esto, también puedes ver a cientos (por no decir miles) de flashes disparándose a la vez para tomar instantáneas de tan sagrado acto. En cierto modo esto merma un poco el encanto de la experiencia, pero he de reconocer que es difícil resistir la tentación de tomar fotos.

Luego hicimos lo mejor que podíamos hacer, ir a tomar el desayuno y echarnos un par de horas hasta que el sol hubiera despejado la neblina matutina. Esto en Sevilla se llama una “siesta mañanera”.

Cuando nos volvimos a levantar, cogimos un tuktuk que nos llevó a Tat Kuang Si, unas cascadas situadas a 32 Km al norte de Luang Prabang. Cerca de la entrada hay un centro de protección de Oso Pardo de Asia. Son un poquito más grandes que el Oso Panda, pero todos negros excepto su pecho que es de color blanco en forma de V. Según parece, hay contrabando de estos animales en Asia, y los que aquí podéis ver fueron rescatados de las zarpas de una mafia que pretendía venderlos en la China. Fuera se podía leer que utilizan la bilis del oso en la Medicina Tradicional China. Suerte que los han salvado, aunque las condiciones en las que viven ahora son similares a una prisión donde tienen poco espacio natural para ellos y a la noche los encierran en jaulas. Aún así y todo, parecían felices con sus cacahuetes escondidos dentro de los troncos, sus plátanos y algunas verduras que se comían en su desayuno matutino.

Luego caminamos unos 5 minutos para llegar a unas pequeñas cascadas donde la tierra caliza había formado algunas piscinas de aguas azul turquesa. En la parte superior, se podía disfrutar de una cascada mucho más espectacular con sus 50 metros de altura. Una pequeña excursión de 30 minutos ascendiendo por un escarpado sendero te lleva a ver la perspectiva inversa. Es decir, ver como las aguas caían al vació desde esta altura. Una excursión interesante para con poco esfuerzo adentrarte dentro de un paisaje muy natural y selvático, aunque demasiado turístico para tildarlo de auténtico.

sábado, 5 de diciembre de 2009

MI CUMPLE


Me he levantado a las 6 de la mañana en Muang Noi, un pueblo perdido en medio de la selva de Laos a las orillas del Nam Ou. Me apetecía ir a algún sitio a meditar y he encontrado un templo al sur del pueblo que aunque estaba cerrado, había más tranquilidad que en otros sitios. La meditación ha sido muy reconfortante y reveladora. Ha valido la pena levantarse pronto.

Luego he vuelto a la guest house para ir a desayunar un super-pancake de plátano con chocolate y frutas frescas Allí hemos conocido a dos franceses que también están viajando por siete meses por Indonesia, y eso que ya tenían pasados los 50. Algunas de las gentes que estamos conociendo en este viaje te desvelan que tienen unas vidas muy interesantes, saliendo de los esquemas preconcebidos de nuestra sociedad. Y eso te demuestra que otra forma de vida es posible, solo tienes que desearlo y atreverte a intentarlo. Porque si no te atreves, seguro que no lo consigues.

El resto del día lo tuvimos que invertir viajando para llegar a Luang Prabang donde celebraría mi cumple. Después de 1h en bote y 3h en Tuktuk llegamos a nuestro destino sobre las 15:00, así que decidimos hacer una comida-merienda-cena tan típica en Laos para aplacar el hambre atroz que teníamos, ya que no habíamos comida nada excepto nuestro desayuno.

La comida no fue nada que uno podría esperar para su cumpleaños, pero el pollo asado a la brasa y una Beerlao me parecieron una comida exquisita. Y para rematar la faena, me comí un pescado (tipo dorada) a la parrilla que terminó de aplacar el hambre.

A pesar de estar a miles de quilómetros de casa, tuve una cena de cumpleaños rodeado de amigos. Vinieron nuestros compañeros de Madrid; Raúl, Alberto, Javi y Rubén, Marco, un portugués que habíamos conocido ese mismo día viaje, María y Jaume, otra pareja de españoles que conocía Marco, Noemí y yo. En total nueve, un bonito número de personas para estar rodeado en un día tan especial como este.

Noemí improviso una tarta de cumple con varios pasteles y una vela que me recordaba que era una año más sabio (como me habían dicho recientemente). Para brindar tuve que sobornar a un camarero laosiano para que me vendiera una botella de Ron Negrita.

La comida comenzó a las 17:00 de la tarde y a las 23 todavía estábamos de sobremesa. Pero la fiesta sólo había hecho que empezar. Fuimos a la disco de moda de Luang Prabang llamada Dao Fa, donde cayeron algunas cervezas y algunos cubatas más.

Este cumpleaños, sin haber preparado nada especial, ha sido único e irrepetible. No obstante, si hubiera podido pedir un deseo me hubiera gustado que estuvieran mis amigos y mi familia también aquí para celebrarlo con ellos.

viernes, 4 de diciembre de 2009

EXPEDICIÓN A LA SELVA ESMERALDA


Ayer llegamos a Nong Khiaw, donde tuvimos que tomar una barca para remontar las tránquilas aguas del rio Nam Ou para llegar a nuestro destino Muang Ngoi, una apacible aldea a la que también ha llegado el turismo. La aldea se podría decir que es una calle donde está llena de restaurantes y guest houses. Nosotros encontramos alojamiento un poco más apartado de la calle principal, con lo que también era más tranquila y más económica.

Para cenar unas cervezas y unos fideos fritos a las orilla del rio mientras se ponía el sol. Tuvimos que encender unas velas porque el pueblo sólo dispone de luz eléctrica de 18 a 22. Y aunque ha llegado el turismo, todavía queda algún rinconcito bastante auténtico por descubrir.

Hoy nos hemos levantado pronto porque Muag Ngnoi tenía muchas cosas por descubrir, pero lo tranquilidad de los laosianos nos ha hecho recordar donde estábamos y el desayuno de huevos fritos con un zumo de frutas ha tardado más de una hora, y eso que éramos los únicos clientes del restaurante.

Hemos tomado nuestra ruta hacia Tham Kang Cave donde después de adentrarnos con nuestra pequeña linterna unos 100 metros en la oscuridad, hemos podido comprobar la calma que se respira en un sitio así. Yo he apagado la linterna por unos segundos y, de repente, todos los sentidos se agudizan para intentar no perder la orientación, pero lo único perceptible es un sutil y agudo zumbido procedente de la nada. Para mí era un lugar perfecto para meditar. No me extraña que los hermitaños busquen cuevas como estas para hacer sus retiros espirituales, realmente en estos lugares se pueden alcanzar estados de conciencia acrecentados con las debidas y complicadas técnicas de meditación y/o pranayama.

Luego hemos intentado llegar a un poblado en medio de la selva, pero se nos hacia demasiado tarde para ir a la cascada Tat Mok. Así que hemos vuelto al pueblo para alquilar una barca que nos llevara lo más cerca posible.

Después de desembarcar de la barca, hemos llegado a un pueblo donde hemos pagado la entrada y hemos rehusado contratar los servicios de un guía local que tan sólo nos pedía unos 2$ entre todos. Pero nosotros somos más valientes que nadie, así que hemos emprendido la marcha solos esperando que el camino estuviera relativamente indicado. A los 5 minutos nos hemos dado cuenta que ya nos habíamos perdido y que no había ninguna indicación en medio de la ni entre los campos de arroz color ocre recién recolectados y segados. Pero ni mucho menos hemos sucumbido a contratar el guía, así que hemos vuelto a reemprender la búsqueda de la cascada por nuestros propios medios. Y, como no, nos hemos vuelto a perder, pero utilizando un poco de intuición y un poco de sentido común hemos vuelto a reencontrar el camino. Uno de los momentos clave ha sido cuando el camino se perdía entre la espesa vegetación y un riachuelo. Investigando un poco hemos visto que el camino seguía en medio del riachuelo donde en algunos tramos había como unos escalones esculpidos en las resbaladizas rocas indicando que es un sendero transitado. Nos hemos tenido que descalzar para seguir ascendiendo aguas arriba y unos 500 metros más nos han desvelado la primera de una serie de pequeñas cascadas que finalmente tenían su recompensa en una última y más grande cascada de más de 40 metros de altura. El éxtasis alcanzado al descubrir tan increíble y recóndito paraje, ha estado a la altura de las vicisitudes del camino para encontrarlo. Y es que si hubiéramos contratado el guía, no hubiera sido ni mucho menos igual y probablemente ahora sería un recuerdo más en nuestra memoria. De esta forma, ahora es una de los momentos más emocionantes y excitantes de nuestro viaje a Laos.

La recompensa ha sido darnos un merecido chapuzón en sus puras y cristalinas aguas, aunque también gélidas.

Es uno de los sitios más naturales y vírgenes que he estado en este viaje, ya que este recóndito lugar no es fácil de encontrar sin un guía local. Y aunque vayas con guía, tienes que poner toda la carne en el asador para ascender por el resbaladizo camino en medio del riachuelo para darte el chapuzón.

TODAVÍA QUEDAN SITIO AUNTÉNTICOS EN EL MUNDO POR DESCUBRIR.

¿PORQUÉ NO TE ATREVES A DESCUBRIRLOS POR TI MISMO?

miércoles, 2 de diciembre de 2009

SABHAI DEE LAOS

Llegamos a Laos hace solo 3 días. Laos hace frontera con China al sur. La entrada fue muy fácil. Nos hicimos un visado para 30 días en el momento de entrar. Ahora estamos, pues, en el norte. Los días siguientes de nuestra llegada queríamos dedicarlos a descansar y actualizar nuestro blog. En China no hemos podido acceder y tenemos un montón de cosas que contar y fotos que compartir. Pero Laos nos tenía preparada otra cosa. Por la noche fuimos a cenar a un mercado nocturno en Luang Nam Tha, que es la ciudad donde estamos. El lugar estaba lleno de puestos de brochetas de verdura, pescado y carne. En uno de los lados habían dos puestos donde hacían pollos y patos. El ¨horno¨ consistía en unas brasas y sobre ellas habían dos soportes de hierro en los que estaban insertados los pollos y patos. Una especie de a l´ast. Nos pedimos un pollo para empezar. Lo devoramos. Llevábamos todo el día casi sin comer, saltando de un autobús a otro para poder llegar a la frontera antes de las 16.30h que es cuando cierran. Así que tras el pollo, Pepe y yo nos miramos. ¿Te has quedado con hambre? nos preguntamos mutuamente. La respuesta fue unánime así que nos comimos un pato entero. Nos costó 3$ cada uno. Baratísimo. Cada ciudad de Asia tiene su cerveza. En Laos la mejor, mas famosa y que es casi un icono es Beerlao. Así que nos pedimos una y nos sentamos en uno de los bancos de madera a disfrutar de nuestro festín.
De repente vimos aparecer 4 chicos: morenos, alguno con piercing, otro con tatuaje, otro con camiseta sin mangas hablando alto y riendo. No había duda, de manera que ni corta ni perezosa les pregunté: ¿Españoles? Efectivamente. Estuvimos un buen rato charlando con ellos. Nos dijeron que al día siguiente iban a hacer un trekking y que si nosotros teníamos intención de hacer alguno. Les dijimos que en principio queríamos descansar. Al rato nos despedimos y Pepe y yo nos quedamos pensando sobre el trekking. Llevamos mucho tiempo solos, en China no hemos coincidido con ningún español y teníamos ¨mono¨de compartir risas con otras personas. Así que nos apuntamos al mismo trekking.

Al día siguiente salimos rumbo a Nam Ha NPA. Visitamos una aldea, donde las niñas pequeñas llevan a sus hermanitos pequeños colgados de la espalda, mientras corretean por el pueblo o juegan al billar. Después emprendimos una caminata de 7 horas por bosques y selva. Sobre las 17.00h llegamos a nuestro destino. Otro pueblecito con 9 cabañas hechas sobre el suelo, con las paredes de madera y el techo de hoja de palmera. Nuestra ducha fue en el río junto con otras personas del poblado. Las mujeres usan un sarong para bañarse. Es una especie de pareo sujetado bajo los brazos. Mientras chapoteábamos por el río de aguas heladas, algunas de las chicas del pueblo nos miraban sorprendidas. Después nos instalamos en nuestras casas y nos sentamos alrededor de un fuego hecho en el suelo mientras intentábamos charlar con las personas del pueblo que se agrupaban a nuestro alrededor.
Para cenar nos sentamos dentro de casa. La mesa era una mesita de mimbre bajita y las sillas unos taburetes de 1 palmo. El suelo de la casa era de tierra y como única luz teníamos la de 2 velas. Para cenar arroz hervido, tomate frito con cilantro, sopa de buey con verduras y col sofrita. Tras la cena, los chicos que conocimos habían traído un montón de regalos para los niños: libretas para dibujar, rotuladores, globos de colores, lápices y un bote para hacer pompas de jabón. Los niños se divirtieron de lo lindo con todo esto. Los mayores, mientras tanto degustamos un licor de hierbas. Lo habían traído los madrileños (si es que están en todo) y la gente del pueblo se apuntó a los chupitos, pero solo los hombres. Las mujeres no beben, excepto una: yo.
Tras todo esto, la noche había caído sobre el poblado y una luna llena iluminaba toda la zona. Salimos de nuevo afuera y nos sentamos cerca del fuego. Hubo un momento que me quedé sola con las mujeres del pueblo: niñas, mamas y abuelas. Fue un momento precioso. Me enseñaban a sus hijos e intentaban decirme quien era de quien. Me preguntaron si yo tenía niños. Fue un momento muy tierno con ellas.
Tras estar un rato mas nos fuímos a dormir. Eran las 20.00h pero no había nada mas que hacer y las piernas pedían un descanso a gritos. La cama era una simple plataforma hecha de bambu. Nos ¨tiramos¨allí e intentamos dormir.
Sobre las 05.00h de la mañana empezamos a cantar los gallos; se despertaron los cerdos y empezaron a gruñir; se levantó todo el mundo; los niños empezaron a correr, jugar y gritar,... y nosotros seguíamos intentando dormir. Sobre las 07.00h nos levantamos, nos lavamos la cara en el río y desayunamos: arroz hervido, col y búfalo con verduras. Tras eso recogimos nuestras cosas, nos despedimos de la gente del pueblo y emprendimos el camino de regreso, esta vez por selva, campos de arroz y bosques de árboles de caucho. La gente del pueblo todavía no está muy acostumbrada a ver a falang, que es como llaman a los extranjeros. El gobierno de Laos solo permite 2 o 3 grupos por semana en estos poblados, para que no se hagan dependientes del dinero del turismo. Incluso los regalos que traían estos chicos se lo tuvieron que dar primero al guía y te piden que no des nada directamente a las personas del pueblo. Todavía se podía respirar esta inocencia entre las personas del pueblo.
De vuelta hicimos una parada para comer. La comida estaba preparada. EL guía tan solo preparó la ¨mesa-plato¨, es decir unas hojas de palmera sobre las que iba directamente la comida.
Aquí tenéis una foto para que os hagáis una idea de la pinta que tenía, aunque una vez te atrevías a probarla estaba muy buena.