Pero el día estaba lejos de terminar. Después de cenar y llegar al hotel, hemos escuchado una música que nos ha llamado la atención. Así que hemos vuelto a salir y hemos encontrado que un grupo de gente del pueblo estaba celebrando una ceremonia. Hemos visto varias danzas tradicionales de Bali donde bailarines bastante jóvenes estaban engalanados con atuendos dignos de reyes con vestidos dorados y coronas. Las danzas consistían principalmente de movimientos de las manos con los dedos completamente estirados y haciendo mudras, y la cabeza la movían como si fueran egipcios. A mi he ha recordado a un danza que vimos en Mysore, Vietnam mezcla con el Katakali de Kerala, India. Puede que los orígenes sean los mismos porque en ambos lugares, al igual que en Bali, predomina la religión Hinduista. La música procedía de varios xilofones, platillos, bongos y una especie de platos anchos de bronce que precaucionaban con madera. Dado los instrumentos era más bien una música metálica y al mismo tiempo inarmónicamente rítmica. La verdad es que es difícil de describir. Pero más difícil de describir es lo que hemos presenciado a continuación. Sin dejar de sonar la música, la gente se ha puesto a bailar en medido del círculo y de repente hemos visto como algunas personas empezaban a retorcerse y a convulsionar como si tuvieran un ataque de epilepsia, aunque realmente lo que pasaba es que estaban en trance. Acto seguido a estas personas se les ha entregado una especie de espada sagrada cuya vaina y empuñadura eran de madera, pero su filo era de metal. Con la espada en la mano y con los ojos cerrados se movían por todo el círculo a rítmico de la estrepitosa música mientras una persona cuidaba para que no hiciera nada a nadie. Muchas veces, cuando la música aumentaba de ritmo y estruendo, se apoyaban la espada sobre el pecho y empezaban a presionar con todas sus fuerzas como si quieran calvársela, aunque cuando la retiraban no había marca de sangre por ninguna parte. Después de varios minutos en trance y intentar clavarse la espada varias veces, las personas poseídas caían exhaustas y eran acompañadas para que descansaran dentro de la casa. Al mismo tiempo, la espada se volvía a enfundar y se retiraba al templo donde era bendecida de nuevo para que otra persona en trace pudiera utilizarla.
Blog personal de Noemi y Pepe donde se explica una aventura de dos mochileros enamorados de la libertad y los viajes a tierras lejanas como India, Nepal, China, Laos, Indonesia, Australia y Nueva Zelanda. La historia continúa en Latinoamérica.
domingo, 20 de diciembre de 2009
PERMUTERAN EN TRANCE
Pero el día estaba lejos de terminar. Después de cenar y llegar al hotel, hemos escuchado una música que nos ha llamado la atención. Así que hemos vuelto a salir y hemos encontrado que un grupo de gente del pueblo estaba celebrando una ceremonia. Hemos visto varias danzas tradicionales de Bali donde bailarines bastante jóvenes estaban engalanados con atuendos dignos de reyes con vestidos dorados y coronas. Las danzas consistían principalmente de movimientos de las manos con los dedos completamente estirados y haciendo mudras, y la cabeza la movían como si fueran egipcios. A mi he ha recordado a un danza que vimos en Mysore, Vietnam mezcla con el Katakali de Kerala, India. Puede que los orígenes sean los mismos porque en ambos lugares, al igual que en Bali, predomina la religión Hinduista. La música procedía de varios xilofones, platillos, bongos y una especie de platos anchos de bronce que precaucionaban con madera. Dado los instrumentos era más bien una música metálica y al mismo tiempo inarmónicamente rítmica. La verdad es que es difícil de describir. Pero más difícil de describir es lo que hemos presenciado a continuación. Sin dejar de sonar la música, la gente se ha puesto a bailar en medido del círculo y de repente hemos visto como algunas personas empezaban a retorcerse y a convulsionar como si tuvieran un ataque de epilepsia, aunque realmente lo que pasaba es que estaban en trance. Acto seguido a estas personas se les ha entregado una especie de espada sagrada cuya vaina y empuñadura eran de madera, pero su filo era de metal. Con la espada en la mano y con los ojos cerrados se movían por todo el círculo a rítmico de la estrepitosa música mientras una persona cuidaba para que no hiciera nada a nadie. Muchas veces, cuando la música aumentaba de ritmo y estruendo, se apoyaban la espada sobre el pecho y empezaban a presionar con todas sus fuerzas como si quieran calvársela, aunque cuando la retiraban no había marca de sangre por ninguna parte. Después de varios minutos en trance y intentar clavarse la espada varias veces, las personas poseídas caían exhaustas y eran acompañadas para que descansaran dentro de la casa. Al mismo tiempo, la espada se volvía a enfundar y se retiraba al templo donde era bendecida de nuevo para que otra persona en trace pudiera utilizarla.
viernes, 18 de diciembre de 2009
BALI: LOS MOCHILEROS MOTEROS
jueves, 17 de diciembre de 2009
BIENVENIDOS A INDONESIA
Cuando amainó un poco la tormenta cogimos la moto y volvimos a Kuta. El cielo nos respetó hasta que llegamos al hotel y empezó a llover de nuevo. Pepe salió a la terraza de la habitación a recoger la ropa para que no se mojara y cayó un relámpago que iluminó toda la habitación; el siguiente trueno fue el más fuerte que he oído jamás. Pareció como si se hubiera partido el mundo. No os imagináis lo bien que dormimos arropados en nuestra blanda y ancha cama. El día siguiente amaneció soleado y luminoso. Estamos en época de lluvias y muchos días llueve un ratito, aunque de momento siempre ha sido por la noche o muy temprano por la mañana. Bienvenidos a Indonesia!
sábado, 12 de diciembre de 2009
MEDITACIÓN VIPASSANA
Por lo que pudimos entender, Vipassana significa “ver la realidad”. Es decir, ver el mundo tal cual es eliminando todos los filtros que aplica nuestra mente previo a nuestro entendimiento. Para ello una de las cosas que persigue esta meditación es “parar la mente”. También nos explicaron que hay 4 tipos de posturas para la meditación; sentados con las piernas cruzadas, tumbados boca arriba, caminando y la última no la recuerdo.
Nosotros aquel día practicamos dos de ellas. La primera fue unos 20 minutos sentados en silencio con las piernas cruzadas y debíamos concentrar nuestra mente en la respiración. Es decir, debíamos omitir cualquier estímulo externo que venga por los sentidos y concentrar la mente en algo tan simple y esencial como la inspiración y a expiración. Si por algún motivo la mente se dispersa en otros y variados pensamientos, hay que tomar consciencia de ello y volver a la respiración. Parece sencillo, ehhh? Inténtalo pues y ya me contarás el resultado.
Luego hicimos la meditación en movimiento. Ésta consiste en caminar muy, muy, muy lentamente con los ojos abiertos y tomando consciencia de cada movimiento del cuerpo al caminar. Para ello nos dieron las pautas siguientes en tres movimientos que podrían ser; levantar el pie, desplazarlo y apoyarlo, y vuelta a empezar con la otra pierna. En esta meditación también es importante la respiración, tomando consciencia de ella junto con el movimiento.
Hay muchas disciplinas de meditación, pero por lo que estoy viendo todas ellas buscan un objetivo común, eliminar el velo que nos impide ver la realidad tal cual es. Sin nuestros esquemas mentales, nuestros condicionamientos, sin muestras emociones, sin todo aquello que ensucia el prisma que somos para dejar pasar la luz del espíritu.
Con nuestra mente completamente serena, no nos apetecía hace nada extresante. Así que fuimos a probar un masaje típico de Laos. El masaje consiste en prisiones sobre los músculos y algunos estiramientos, para después ponerte unas pintas calientes que contenían hierbas terapéuticas. Ha sido genial, el calor de las pintas penetraba dentro de los músculos consiguiendo un relajación más profunda, al mismo tiempo que el calor ayudaba a las articulaciones y los órganos internos.
Ha sido una despedida genial que nos ha brindado Laos como guinda a nuestra estancia en tan natural y espiritual país.
GRACIAS LAOS.
viernes, 11 de diciembre de 2009
CAPITAL DE LAOS? VIENTIANE
A parte de los datos prácticos, el conductor, que se llamaba Olé, se ha empeñado en enseñarnos laosianos asegurando que en 2 semanas podríamos hablar su lengua. Así que hemos aprendido a contar del 1 al 10, también los centenares y los millares, ¿Cómo te llamas?, Me llamo… y algunas palabras más que ahora mismo ya no recuerdo. Después de media hora de escuchar laosiano e intentar repetir las frases, nos ha entrado un dolor de cabeza junto con una pequeña molestia en la garganta, y es que los sonidos son muy guturales y el sonido “ñ” se utiliza en casi todas las palabras. En general, ha valido la pena nuestro viaje de 4 horas ya que nos ha permitido conocer mejor algunos aspectos de este país y es que la única forma de conocer un país es estar en contacto con su gente y compartir momentos como estos. Esto lo hemos aprendido a lo largo de estos 6 meses que llevamos viajando por el mundo.
Nos ha constado encontrar hotel debido a los juegos pero al final hemos encontrado uno económico que compartíamos habitación con una persona que se parecía mucho a un actor de series norteamericanas.
Luego nos fuimos andando hasta Patuxai, una “arco del triunfo” que en la guía quieren compararlo con el de Paris, pero si lo veis no hay por donde cogerlo. Sería como comparar una iglesia renacentista co n un rascacielos, si los dos son muy altos y tienen puertas y ventanas, pero nada más.
A pesar que algunos viajeros no nos recomendaban nada una estancia en Vientiane diciendo que era una ciudad bulliciosa y relativamente cara, nosotros nos hemos encontrado con una ciudad acogedora y con algunos tesoros interesantes para descubrir. Así que, aunque las opiniones de otros viajes muchas veces te ayudan a elegir mejor tu camino, no siempre son tan acertadas como desearais, y aunque sean ciertas, tu actitud delante de un lugar y su gente puede cambiar complemente la experiencia.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA
Nosotros hemos decidido alquilar una motocicleta para visitar un conjunto de cuevas llamadas Tham Sang Triangle situadas a 16 km al norte de Vang Vieng. Era curioso ver a seis motos todas juntas por la carretera apropiándose de ella. Si hubiéramos llevado una chupa de cuero con un águila en la espalda, los pelos y las barbas largos y unas motos más potentes, hubiéramos parecido “Los ángeles del Infierno Laosiano”.
Al llegar a las cercanías de la cueva hemos visto un cartel pequeño y mal rotulado que pedía pagar parking por dejar las motos. Imagínate en medio de la naturaleza rodeado de montañas y palmeras, el rio Nam Song a nuestra derecha transitando por un estrecho camino y cuando se termina el camino aparece este cartel con dos mujeres sentadas a la sombra pidiendo dinero por dejar las motos. Increíble, pero cierto. Y es que en Laos se están dando cuenta que al turista se le puede “estrujar” para que vaya soltando el dinero. Nosotros, ni cortos ni perezosos, hemos aparcada las motos en una zona un poco más alejada donde no había cartel, por lo que nos hemos ahorrado el “impuesto revolucionario”. No obstante, no hemos podido evitar el peaje para pasar un desvencijado puente hecho con cañas de bambú que amenazaba desmoronarse con solo estornudar que permitía cruzar el rio hasta la zona donde se encuentran las cuevas.
Luego hemos continuado 1 km en medio de los arrozales dorados hasta llegar a las cuevas Tham Loup y Tham Hoi (por cierto, tham significa cueva en laosiano) donde al pagar la entrada también te ofrecían unos frontales para poder explorar con más detalle las cuevas. Además, un guía local se nos ha acoplado al grupo sin previa petición o conversación, pero la exploración resultaba un poco más segura (si se puede llamar de esta forma). Así que el Speleology´s Team formado por Javi, Raúl, Alberto, Pablo (un compañero de Madrid que había tomado el relevo a Rubén de vuelta a España), Anthoni (un francés que había conocido Pablo), Noemí y yo nos ataviamos con los frontales para iniciar nuestro particular “Viaje al centro de la Tierra”.
I
La otra cueva, Tham Hoy, se adentraba 3 km dentro de la tierra, con lo que la cosa ya parecía más seria. Así que decidimos solo explorar algunos metros sin llegar al final. No obstante, nuestro guía “subalterno” también se apuntó a la segunda exploración. A la que nos hemos dado cuenta ya llevábamos una hora caminando dentro de tan oscuro y profundo lugar, y todo el equipo nos sentíamos con ganas y ánimos para continuar, excepto Pablo que le pudo su claustrofobia teniendo que volver sobre sus pasos. Y no me extraña, porque aquí entra una o dos personas solas y te vuelves a los 10 minutos pero como íbamos todo un grupo la sensación de seguridad aumenta, incluso diría que te creces por encima de tus posibilidades o limitaciones. Y si no preguntádselo a Noemí, que en otras circunstancias me hubiera insistido en salir a la mínima de cambio. Sin embargo, allí estaba no sólo internándose en las profundidades de la tierra sino también disfrutando de cada instante en tan recóndito lugar.
En ese momento tus sentidos se agudizan, tus ojos observan cada detalle de la cueva, tus orejas perciben hasta el más sigiloso sonido y tu mente está complemente concentrada en procesar todos los estímulos externos para discernir el camino correcto hasta la salida. Realmente te das cuenta de todos los recursos de que dispone el ser humano en situaciones extremas como estas.
Nosotros decidimos desandar parte del camino para descubrir la bifurcación en la cual habíamos tomado el camino equivocado. De repente descubrimos algunos detalles en las piedras y formaciones calizas que nos resultaban familiares. Por lo tanto, sabíamos que habíamos pasado por allí, pero desconocíamos si íbamos hacia la salida o hacia las profundidades. Pero de repente, he visto una piedra con un agujero muy peculiar que me había resultado curiosa en nuestro camino de entrada. Esto me dio la seguridad que estábamos caminando en el sentido equivocado. Así que hemos girado 180º para reiniciar nuestro camino de vuelta a la superficie. Y es que aunque parezca sencillo, e incluso llevando guía y conociendo el camino de ida, es fácil perderse en una cueva de estas dimensiones. Además, por algún motivo uno tiende a desorientarse en tan silencioso y oscuro lugar.
Sin embargo, y a pesar de perdernos, en todo momento hemos conservado la calma y serenidad para reencontrar la salida.
HA SIDO UNA DE LAS EXPERIENCIAS MÁS AUTÉNTICAS DEL VIAJE.
Ahh, se me olvidaba. Al volver a las motos hemos visto que las mujeres habían movido el cartel del parking donde las teníamos aparcadas solicitando que les pagáramos parking. Qué cara tienen!!!!! Nosotros solo nos hemos reído de la cómica situación y por supuesto que no hemos pagado el reincidente “impuesto revolucionario”.
lunes, 7 de diciembre de 2009
LA OFRENDA
A las 6:30 ya estábamos en la calle, todavía no ha salido el sol y una ligera neblina cubre toda l ciudad. No obstante, se puede observar en la calles un vaivén de personas considerable, muchos de ellos llevan unos recipientes cilíndricos hechos de palma como si fueran tuperwares que contienen sticky rice (arroz típico de Laos). Poco a poco, las personas se sienten en las aceras sobre unas alfombras de mimbre formando unas largas filas mirando a la calle.
Poco a poco, el vaivén de personas empieza a aquietarse, y todas van tomando su asiento en un silencio relativo propiciado más por las tempranas horas de la mañana que por la solemnidad del acto requiere. En ese instante, empezamos a vislumbrar en la lejanía algunas formas de color naranja que se acercan hacia nosotros por la acera. A pesar de la poca visibilidad se reconocen que son monjes budistas ataviados con sus coloridos hábitos naranja y amarillo chillón. En sus manos portan un bol de bronce donde los fieles ofrecen pellizcos de sticky rice a modo de limosna. A parte de arroz, también se ofrece algunas frutas como plátanos, algunas chocolatinas y billetes envueltos en plástico.
El acto es muy bonito de ver ya que hay cientos de monjes en fila recibiendo las limosnas de los devotos que en un signo de humildad los ofrecen de rodillas.
A parte de esto, también puedes ver a cientos (por no decir miles) de flashes disparándose a la vez para tomar instantáneas de tan sagrado acto. En cierto modo esto merma un poco el encanto de la experiencia, pero he de reconocer que es difícil resistir la tentación de tomar fotos.
Luego hicimos lo mejor que podíamos hacer, ir a tomar el desayuno y echarnos un par de horas hasta que el sol hubiera despejado la neblina matutina. Esto en Sevilla se llama una “siesta mañanera”.
Cuando nos volvimos a levantar, cogimos un tuktuk que nos llevó a Tat Kuang Si, unas cascadas situadas a 32 Km al norte de Luang Prabang. Cerca de la entrada hay un centro de protección de Oso Pardo de Asia. Son un poquito más grandes que el Oso Panda, pero todos negros excepto su pecho que es de color blanco en forma de V. Según parece, hay contrabando de estos animales en Asia, y los que aquí podéis ver fueron rescatados de las zarpas de una mafia que pretendía venderlos en la China. Fuera se podía leer que utilizan la bilis del oso en la Medicina Tradicional China. Suerte que los han salvado, aunque las condiciones en las que viven ahora son similares a una prisión donde tienen poco espacio natural para ellos y a la noche los encierran en jaulas. Aún así y todo, parecían felices con sus cacahuetes escondidos dentro de los troncos, sus plátanos y algunas verduras que se comían en su desayuno matutino.
Luego caminamos unos 5 minutos para llegar a unas pequeñas cascadas donde la tierra caliza había formado algunas piscinas de aguas azul turquesa. En la parte superior, se podía disfrutar de una cascada mucho más espectacular con sus 50 metros de altura. Una pequeña excursión de 30 minutos ascendiendo por un escarpado sendero te lleva a ver la perspectiva inversa. Es decir, ver como las aguas caían al vació desde esta altura. Una excursión interesante para con poco esfuerzo adentrarte dentro de un paisaje muy natural y selvático, aunque demasiado turístico para tildarlo de auténtico.
sábado, 5 de diciembre de 2009
MI CUMPLE
Luego he vuelto a la guest house para ir a desayunar un super-pancake de plátano con chocolate y frutas frescas Allí hemos conocido a dos franceses que también están viajando por siete meses por Indonesia, y eso que ya tenían pasados los 50. Algunas de las gentes que estamos conociendo en este viaje te desvelan que tienen unas vidas muy interesantes, saliendo de los esquemas preconcebidos de nuestra sociedad. Y eso te demuestra que otra forma de vida es posible, solo tienes que desearlo y atreverte a intentarlo. Porque si no te atreves, seguro que no lo consigues.
El resto del día lo tuvimos que invertir viajando para llegar a Luang Prabang donde celebraría mi cumple. Después de 1h en bote y 3h en Tuktuk llegamos a nuestro destino sobre las 15:00, así que decidimos hacer una comida-merienda-cena tan típica en Laos para aplacar el hambre atroz que teníamos, ya que no habíamos comida nada excepto nuestro desayuno.
La comida no fue nada que uno podría esperar para su cumpleaños, pero el pollo asado a la brasa y una Beerlao me parecieron una comida exquisita. Y para rematar la faena, me comí un pescado (tipo dorada) a la parrilla que terminó de aplacar el hambre.
A pesar de estar a miles de quilómetros de casa, tuve una cena de cumpleaños rodeado de amigos. Vinieron nuestros compañeros de Madrid; Raúl, Alberto, Javi y Rubén, Marco, un portugués que habíamos conocido ese mismo día viaje, María y Jaume, otra pareja de españoles que conocía Marco, Noemí y yo. En total nueve, un bonito número de personas para estar rodeado en un día tan especial como este.
Noemí improviso una tarta de cumple con varios pasteles y una vela que me recordaba que era una año más sabio (como me habían dicho recientemente). Para brindar tuve que sobornar a un camarero laosiano para que me vendiera una botella de Ron Negrita.
La comida comenzó a las 17:00 de la tarde y a las 23 todavía estábamos de sobremesa. Pero la fiesta sólo había hecho que empezar. Fuimos a la disco de moda de Luang Prabang llamada Dao Fa, donde cayeron algunas cervezas y algunos cubatas más.
Este cumpleaños, sin haber preparado nada especial, ha sido único e irrepetible. No obstante, si hubiera podido pedir un deseo me hubiera gustado que estuvieran mis amigos y mi familia también aquí para celebrarlo con ellos.
viernes, 4 de diciembre de 2009
EXPEDICIÓN A LA SELVA ESMERALDA
Ayer llegamos a Nong Khiaw, donde tuvimos que tomar una barca para remontar las tránquilas aguas del rio Nam Ou para llegar a nuestro destino Muang Ngoi, una apacible aldea a la que también ha llegado el turismo. La aldea se podría decir que es una calle donde está llena de restaurantes y guest houses. Nosotros encontramos alojamiento un poco más apartado de la calle principal, con lo que también era más tranquila y más económica.
Para cenar unas cervezas y unos fideos fritos a las orilla del rio mientras se ponía el sol. Tuvimos que encender unas velas porque el pueblo sólo dispone de luz eléctrica de 18 a 22. Y aunque ha llegado el turismo, todavía queda algún rinconcito bastante auténtico por descubrir.
Hoy nos hemos levantado pronto porque Muag Ngnoi tenía muchas cosas por descubrir, pero lo tranquilidad de los laosianos nos ha hecho recordar donde estábamos y el desayuno de huevos fritos con un zumo de frutas ha tardado más de una hora, y eso que éramos los únicos clientes del restaurante.
Hemos tomado nuestra ruta hacia Tham Kang Cave donde después de adentrarnos con nuestra pequeña linterna unos 100 metros en la oscuridad, hemos podido comprobar la calma que se respira en un sitio así. Yo he apagado la linterna por unos segundos y, de repente, todos los sentidos se agudizan para intentar no perder la orientación, pero lo único perceptible es un sutil y agudo zumbido procedente de la nada. Para mí era un lugar perfecto para meditar. No me extraña que los hermitaños busquen cuevas como estas para hacer sus retiros espirituales, realmente en estos lugares se pueden alcanzar estados de conciencia acrecentados con las debidas y complicadas técnicas de meditación y/o pranayama.
Luego hemos intentado llegar a un poblado en medio de la selva, pero se nos hacia demasiado tarde para ir a la cascada Tat Mok. Así que hemos vuelto al pueblo para alquilar una barca que nos llevara lo más cerca posible.
Después de desembarcar de la barca, hemos llegado a un pueblo donde hemos pagado la entrada y hemos rehusado contratar los servicios de un guía local que tan sólo nos pedía unos 2$ entre todos. Pero nosotros somos más valientes que nadie, así que hemos emprendido la marcha solos esperando que el camino estuviera relativamente indicado. A los 5 minutos nos hemos dado cuenta que ya nos habíamos perdido y que no había ninguna indicación en medio de la ni entre los campos de arroz color ocre recién recolectados y segados. Pero ni mucho menos hemos sucumbido a contratar el guía, así que hemos vuelto a reemprender la búsqueda de la cascada por nuestros propios medios. Y, como no, nos hemos vuelto a perder, pero utilizando un poco de intuición y un poco de sentido común hemos vuelto a reencontrar el camino. Uno de los momentos clave ha sido cuando el camino se perdía entre la espesa vegetación y un riachuelo. Investigando un poco hemos visto que el camino seguía en medio del riachuelo donde en algunos tramos había como unos escalones esculpidos en las resbaladizas rocas indicando que es un sendero transitado. Nos hemos tenido que descalzar para seguir ascendiendo aguas arriba y unos 500 metros más nos han desvelado la primera de una serie de pequeñas cascadas que finalmente tenían su recompensa en una última y más grande cascada de más de 40 metros de altura. El éxtasis alcanzado al descubrir tan increíble y recóndito paraje, ha estado a la altura de las vicisitudes del camino para encontrarlo. Y es que si hubiéramos contratado el guía, no hubiera sido ni mucho menos igual y probablemente ahora sería un recuerdo más en nuestra memoria. De esta forma, ahora es una de los momentos más emocionantes y excitantes de nuestro viaje a Laos.
La recompensa ha sido darnos un merecido chapuzón en sus puras y cristalinas aguas, aunque también gélidas.
Es uno de los sitios más naturales y vírgenes que he estado en este viaje, ya que este recóndito lugar no es fácil de encontrar sin un guía local. Y aunque vayas con guía, tienes que poner toda la carne en el asador para ascender por el resbaladizo camino en medio del riachuelo para darte el chapuzón.
TODAVÍA QUEDAN SITIO AUNTÉNTICOS EN EL MUNDO POR DESCUBRIR.
¿PORQUÉ NO TE ATREVES A DESCUBRIRLOS POR TI MISMO?
miércoles, 2 de diciembre de 2009
SABHAI DEE LAOS
De repente vimos aparecer 4 chicos: morenos, alguno con piercing, otro con tatuaje, otro con camiseta sin mangas hablando alto y riendo. No había duda, de manera que ni corta ni perezosa les pregunté: ¿Españoles? Efectivamente. Estuvimos un buen rato charlando con ellos. Nos dijeron que al día siguiente iban a hacer un trekking y que si nosotros teníamos intención de hacer alguno. Les dijimos que en principio queríamos descansar. Al rato nos despedimos y Pepe y yo nos quedamos pensando sobre el trekking. Llevamos mucho tiempo solos, en China no hemos coincidido con ningún español y teníamos ¨mono¨de compartir risas con otras personas. Así que nos apuntamos al mismo trekking.
Para cenar nos sentamos dentro de casa. La mesa era una mesita de mimbre bajita y las sillas unos taburetes de 1 palmo. El suelo de la casa era de tierra y como única luz teníamos la de 2 velas. Para cenar arroz hervido, tomate frito con cilantro, sopa de buey con verduras y col sofrita. Tras la cena, los chicos que conocimos habían traído un montón de regalos para los niños: libretas para dibujar, rotuladores, globos de colores, lápices y un bote para hacer pompas de jabón. Los niños se divirtieron de lo lindo con todo esto. Los mayores, mientras tanto degustamos un licor de hierbas. Lo habían traído los madrileños (si es que están en todo) y la gente del pueblo se apuntó a los chupitos, pero solo los hombres. Las mujeres no beben, excepto una: yo.
Tras todo esto, la noche había caído sobre el poblado y una luna llena iluminaba toda la zona. Salimos de nuevo afuera y nos sentamos cerca del fuego. Hubo un momento que me quedé sola con las mujeres del pueblo: niñas, mamas y abuelas. Fue un momento precioso. Me enseñaban a sus hijos e intentaban decirme quien era de quien. Me preguntaron si yo tenía niños. Fue un momento muy tierno con ellas.
Tras estar un rato mas nos fuímos a dormir. Eran las 20.00h pero no había nada mas que hacer y las piernas pedían un descanso a gritos. La cama era una simple plataforma hecha de bambu. Nos ¨tiramos¨allí e intentamos dormir.
Sobre las 05.00h de la mañana empezamos a cantar los gallos; se despertaron los cerdos y empezaron a gruñir; se levantó todo el mundo; los niños empezaron a correr, jugar y gritar,... y nosotros seguíamos intentando dormir. Sobre las 07.00h nos levantamos, nos lavamos la cara en el río y desayunamos: arroz hervido, col y búfalo con verduras. Tras eso recogimos nuestras cosas, nos despedimos de la gente del pueblo y emprendimos el camino de regreso, esta vez por selva, campos de arroz y bosques de árboles de caucho. La ge
De vuelta hicimos una parada para comer. La comida estaba preparada. EL guía tan solo preparó la ¨mesa-plato¨, es decir unas hojas de palmera sobre las que iba directamente la comida.