lunes, 13 de agosto de 2012

LA LAGUNA DE GUATAVITA

La historia de la Laguna de Guatavita es muy curiosa e interesante. Antiguamente se creía que El Dorado se hallaba en esta laguna. Esta laguna era un lugar sagrado, donde los muiscas, uno de los grupos autóctonos más numerosos del país, hacían sus rituales. Hace 500 años, el zipa (cacique de los muiscas), cubierto de oro en polvo, arrojaba ofrendas de mucho valor desde su piragua al fondo del lago. Después se sumergía en el agua para ganarse el poder divino. 

Tradicionalmente los muiscas creían que el lago era el resultado del impacto de un meteorito que transportaba a un dios del oro que vivía en el fondo del lago. Los muiscas rendían tributo a dicho dios elaborando joyas y objetos de oro, y los lanzaban al lago.


Muchas son las historias y versiones de la laguna. Sea como fuere, el resultado fue que tanto españoles como otros extranjeros se volvieron locos por el oro cuando al soñado y acuoso El Dorado. Durante muchos años se hizo lo indecible para recuperar los tesoros escondidos en el fondo del lago. 

El más extravagante, quizá, sea el caso de Antonio de Sepúlveda. En 1560, este buen hombre, era un mercader adinerado, que hizo una zanja en un lateral del lago con la intención de vaciarlo por completo. El pobre diablo solo encontró 232 pesos de oro y además murió arruinado.  
Otra compañía inglesa drenó el lago, pero solo encontró algunos objetos. No les mereció la pena ni los 8 años ni el dinero invertidos en la actividad.

Donde estaba el oro y si realmente existía, solo debía saberlo el dios del oro. 

De lo que si puedo dar fe es que el lugar es especial. Para llegar a ella hay que hacer un trayecto de unos 30 minutos atravesando un bosque con riachuelos y alguna cuesta empinada. La Laguna de Guatavita está a 3000 metros de altitud y desde allí hay muy buena vistas de la zona.  La laguna es perfectamente redonda y está abrigada por verdes montañas.


El guía dijo que pasada que el lago era el séptimo chakra. Y es que algo profundo se notaba en aquel lugar. Por si os interesa os daré un poco de información sobre este chakra. Los chakras son centros energéticos. En el cuerpo humano está situado en la coronilla, su nombre en Sánscrito es Sahasrara, la sílaba mántrica es M, la nota musical SI, el color blanco, dorado y violeta, el elemento es Voluntad y Pensamiento, el sentido Todos, el órgano el ojo derecho, la parte superior del cerebro, el sistema nervioso y la glándula pineal y el Yantra la flor de loto de mil pétalos. Es el centro de la sabiduría y la espiritualidad. Este chakra se suele activar plenamente cuando la persona realiza un trabajo espiritual profundo. Su vibración o plena activación es la responsable del aura de la parte superior de la cabeza que presentan personas de gran humanidad.  En planeta Tierra también tiene 7 chakras y cambian de ubicación con cada edad. Hay mucha información en internet sobre este tema y no todo el mundo coincide con lo mismo.








A lo largo del camino de subida y bajada de la laguna, nos encontramos muchos carteles llenos de sabiduría. Transcribo algunos de ellos:

"TRADICIÓN EN LOS NIÑOS: Educar en la verdad es una tarea que va más allá del solo hecho de alimentar. Como el cuerpo necesita alimentos, así también el espíritu necesita orientación, y la nueva generación debe crecer con orgullo de lo que se es y se tiene. Sentirse orgulloso de ser hijo de la Madre Tierra, perpetuará nuestro pensamiento a las futuras generaciones. "

"GUAYACAN: Los distractores están a cada paso del camino. Estar centrado en el pensamiento y la palabra nos proporcionan la fuerza para sostener nuestros sueños. La confusión aparece cuando el orgullo de nuestras pretensiones nos aleja del espíritu. Así como guayacán sostiene el mundo - pensamiento -   estar centrados nos permite encontrar un camino con corazón". 

"Madre de la vida, protectora del territorio, vientre sagrado, silencio del alma,  espejo de los sueños, canto de la gente, templo de la creación, guardiana del equilibrio, pagamento de la vida. Ofrezcamos de corazón un pensamiento hermoso y un cálido sentimiento de gratitud a Guatavita: "Madre de la vida". 









sábado, 11 de agosto de 2012

ZIPAQUIRÁ: LA CATEDRAL DE SAL

Zipaquirá es una población que se encuentra a 50 km del norte de Bogotá. Muchos bogotanos domingueros van a pasar el día, ya que es un trayecto fácil para ir y volver. Aunque lo de fácil es relativo, porque en tiempo son aproximadamente 1 hora 45 minutos. Y es que las carreteras dejan mucho que desear. Están en mal estado y además son estrechas, como si fueran carreteras comarcales. El volumen de tráfico es grande y  los accesos no dan abasto. Eso sin contar que la policía decida cortar la carretera o la autopista sin más. El resultado, gran volumen de coches con el correspondiente atasco. 

Pero merece la pena hacer un poco de trancón con tal de salir de Bogotá. A los pocos kilómetros el paisaje cambia por completo, aparecen verdes prados, frondosos bosques, vacas pastando, ovejas paseando, caballos relinchando. Y eso a las afueras de la ciudad, de manera que a medida que te alejas el paisaje mejora más y más.

Este mes de agosto tenemos "camioneta". Nos la han prestado y hemos aprovechado para hacer salidas de fin de semana. La "camioneta" es un flamante todo terreno, nuevo, grande, comodísimo y que chupa gasolina que da gusto. Es un Dodge con cambio automático y es una gozada ir en él.


Como decía el destino elegido para este primer fin de semana ha sido Zipaquirá. Esta ciudad es famosa por sus minas de sal. En concreto, la mas famosa es una que se ha transformado en Catedral.


Se han aprovechado las perforaciones de la mina para hacer un Via Crucis de Jesucristo. Hay 13 pasos, cada uno con una cruz y bancos de piedra para arrodillarse y rezar. Cada escenario está iluminado con luz indirecta de colores que le dan profundidad y misticismo al lugar. 



El porqué de la transformación en Catedral es debido a que los mineros cuando perforaban la roca de sal, iban construyendo pequeños altares para su protección delante el peligro. Por ese motivo (y también de cara al turismo) se ha convertido en un templo.


El final del recorrido desemboca en una Catedral de 3 cuerpos de 190 metros de profundidad. El lugar es impresionante. Detrás del altar mayor, donde se ofician misas todos los domingos, hay una "falsa cruz de piedra de 16 metros". Digo falsa porque desde lejos parece que sea una cruz normal, pero al acercarte te das cuenta que es una cruz vacía, es decir, la cruz está dibujada sobre la roca. La iluminación aquí va variando de tonos azules, a violetas pasando por amarillos y verdes. 


Frente el altar, y en el suelo, hay un medallón tallado en piedra copia de la "Creación de Miguel Ángel". Está bordeado de luz roja, y uno siente que está en un lugar sagrado.


El lugar un muy peculiar, primero de todo por saber que estás a 190 metros bajo tierra, en una antigua mina construida por hombres que posiblemente dejaron su vida. Además el ambiente salino hace que te sientas ligero y que los pulmones se purifiquen.



Al final del recorrido se emite una película en 3D sobre la construcción de la mina y hay multitud de tenderetes para comprar sal, esmeraldas, pequeñas cruces talladas en piedra, y un sinfín de recuerdos del lugar. Y si quieres matar el hambre, puedes comprar crispetas, churros, arepas o almojábanas. 


Y el broche final es un Show de luces: se hace dentro de una de las galerías. En el techo han dispuesto miles de lets de luz. Al ritmo de la música se dibujan formas de flores, pájaros, paisajes, personas,... con multitud de colores. Al entrar, en ese sitio oscuro, de piedra con la música house de fondo me pareció estar en medio del principio de  la película Blade o en Sión de Matrix. 


La visita ofrece diferentes alternativas. Para los más atrevidos está La Ruta del Minero, donde te ponen un casco con un frontal y te llevan a picar piedra y a hacer explosiones para que te hagas una idea de como trabajaban los mineros. Nosotros no hemos podido entrar porque no se aceptan menores de 12 años. 

A la salida puedes coger un tren que te lleva al centro de la ciudad por el módico precio de 3.000 pesos. El centro no tiene desperdicio. Zipaquirá es una bonita ciudad. La plaza mayor, tal como indica su nombre, es un espacio enorme, bordeado de cafés, tiendas y restaurantes con barandas de madera.



En un lateral de la plaza está la Iglesia. El interior está hecha de piedra, mezclada con cemento y da una sensación como si fuera de obra vista. Lo mejor, la imagen de la virgen en el altar. Al entrar hemos visto mucha gente arreglada  y hemos preguntado de que se trataba. Pues bien, era una boda múltiple. En mitad del pasillo de la iglesia había un arco hecho de rosas blancas y desde donde estaba el arco hasta la puerta de salida estaba lleno de hombres con ramos de rosas blancas. Si, si, hombres. Nos ha parecido extraño, pero parece que así es la tradición aqui. Hemos esperado a que entraran los primeros novios (lo mío me ha costado porque Pepe quería irse. Me ha faltado la Chamaqueta para hacer más presión). La novia era una joven colombiana  con cara reluciente de emoción, embutida en un vestido de color marfil de falta globo y corpiño apretado (valga decir, a punto de reventar). 


Hoy era el santo de Clara y hemos ido a celebrarlo a un restaurante que tenían platos vegetarianos. Se lo ha pasado en grande subiendo y bajando la larga escalera de madera que había y incluso ha tenido sus globos.


Zipaquirá: una visita recomendable. 

LA HACIENDA BETANIA

Después de visitar Zipaquirá y su Catedral de Sal, nos dirigimos hacia el hotel elegido para pasar la noche. Parece ser que como Zipaquirá está cerca de Bogotá, los turistas no pernoctan por la zona, o al menos eso dice la Lonely Planet. De todos modos la guía hacía una pequeña mención a La Hacienda Betania, diciendo que merecía la pena visitarla. Nuestra Lonely jamás nos ha fallado, así que no dudamos en reservar una habitación para la noche del sábado. La Hacienda Betania esta en la Vereda Trinidad via a Sopo. (www.hotelhaciendabetania.net/online).

Llegar fue toda una aventura. Para llegar a ella hay que transitar por caminos de tierra, con piedras, baches y agujeros. Algunos lugareños nos daban indicaciones incorrectas, no sabemos si por desconocimiento del lugar o para marearnos. Lo cierto es que en esas zonas humildes, dábamos mucho la nota con nuestra flamante camioneta. Con ayuda de Berta, la propietaria y chef del hotel, y un poco de intuición y sentido de la orientación llegamos al caer la noche.


El personal del hotel nos estaban esperando. Nos ayudaron con las maletas, hicimos el check-in, nos ofrecieron algo para tomar y ordenamos la cena.  Aunque había la opción de cenar algo ligero, nosotros optamos por un plato fuerte. Las críticas del restaurante eran muy positivas y no podíamos dejar pasar la oportunidad de degustar la cocina. 

Una dulce y más que amable empleada del hotel (cuyo nombre ahora no recuerdo) nos acompañó a la habitación Manuela. La habitación estaba decorada con alegres colores fucsia y verde. Cortinas, edredón, cojines, lámparas, mesitas,... todo a conjunto. Del techo en forma casi piramidal colgaba una lámpara de cristales. La habitación tenía una pequeña terraza con mesa, sillas y una planta que me recordó mi infancia. Era una de esas plantas que las flores tienen forma de campanilla de color rosa fucsia. De pequeña me dedicaba a hacer explotar las flores apretando. El ploff me parecía de lo más divertido. Mi madre me reñía porque si las hacía explotar, ya no florecía. Me permití explotar algunas de ellas, cosa que me divirtió muchísimo. 


Tras instalarnos brevemente en la habitación, llamaron a la puerta: la cena estaba lista. Bajamos a un acogedor comedor con 3 mesas, aunque solo 2 de ellas estaban ocupadas. Una por nosotros y otra por otras dos parejas. La cena estaba servida al lado de una chimenea encendida que chisporroteaba desprendiendo calor y sintiéndonos muy bien acogidos. Cenamos una deliciosa sopa de tomate casera servida en unos bols también en forma de tomate. Y de plato fuerte cenamos mero, acompañado de una deliciosa ensalada con espinaca frita y salsa pesto, y patatas panadera. Para beber un jugo de mandarina recién exprimido. Cuando terminamos nos sentamos en los sofás frente al fuego y saboreamos tranquilamente una aromática. Mientras tanto Clara jugaba con un caballo de madera, cortesía del hotel. 



Berta salio de la cocina, con esa imagen que me encanta de los chefs: gorro alto y delantal largo atado delante. Nos preguntó si nos había gustado la cena y algo que no suelen preguntarte: si nos sentíamos a gusto. Mucho.

Pero faltaba lo mejor: la bolsa de agua caliente en forma de ovejita que nos dieron. Y es que la noche era fría y la ovejita hizo su efecto en mis pies. Con esta sensación de estar en casa nos fuimos a dormir.

El día siguiente amaneció soleado y al abrir las cortinas nos dimos cuenta del lugar donde estábamos: delante nuestro había una inmensa llanura de verdes prados y caminos con arboledas. Las vacas pastaban libremente, los caballos relinchaban a sus anchas y había pajaritos que tomaban baños en pequeñas pozas de agua. Y es que a esta zona la llaman  la Toscana Colombiana. Y no es para menos.


Bajamos a desayunar. En este caso, el lugar del desayuno era un quiosco acristalado con salida a una terraza. Desde aquí podíamos deleitarnos con las maravillosas vistas del lugar. Berta debía llevar mucho rato en la cocina, a juzgar por el desayuno que nos preparó: huevos pericos (con salsa de cebolla y tomate), pan caliente, mermelada casera, mantequilla, croissants, chocolate caliente y jugo de mora. Nos gustó tanto que les pedimos varias veces repetir de pan y de croissants. ¡Como comen estos españoles!


Después del desayuno pudimos conocer un poco más la casa, donde hay zonas de juegos, sala de televisor y un sinfín de rincones singulares.



Pero lo mejor fue conocer un poquito más a Berta. Estuvimos charlando con ella un rato. Es una de esas personas con las que podrías sentarte horas frente a una fuego y escucharla hablar. Una mujer de corazón de oro, manos de artista y ojos de diamante. 


Gracias a todos por hacernos pasar una estancia tan agradable. Altamente recomendable.  

domingo, 5 de agosto de 2012

EL CERRO DE MONSERRATE

Hoy hemos ido a Monserrate. Es un pico de 3.142 metros y es el símbolo de Bogotá. En la cima está la iglesia de Monserrate, situada donde antiguamente estaba la ermita que fue desbastada en un terremoto en 1917. Este lugar es  un sitio de peregrinaje para bogotanos y turistas extranjeros debido a una imagen milagrosa del Señor Caído situada en el altar que data de 1650.

Para subir a la cima hay 3 formas diferentes: en funicular, en teleférico o a pie. Nosotros hemos intentado acceder a pie, subiendo  los 1500 escalones que hay, pero en la entrada nos han dicho que no se puede  subir con niños menores de 5 años. ¿El motivo? Que hay mucha gente y que es por la propia seguridad de los pequeños. Aunque hemos intentado decir a la seguridad que Clara va dentro de la Manduca y que no teníamos intención de que subiera los 1500 escalones, no hemos podido entrar. Así que hemos hecho la cola para comprar los tiquetes para subir en funicular. Nos ha costado 4.500 pesos (unos 2,5 euros). Es gracioso porque en la cola había un señor con un altavoz como los de los policías americanos dando instrucciones: el tiquete de funicular, también sirve para el teleférico; en la cola de tiquetes solo una persona, los acompañantes esperan en la plaza; tiquete de ida vale 4.500 pesos, ida y vuelta 9.000 pesos (y digo yo, ¿donde está el ahorro de ir y volver?).

Cuando hemos tenido los tiquetes nos han colocado ordenadamente por escaleras a la misma altura que el funicular. Nos han prohibido comer nada durante e trayecto por nuestra seguridad y hemos esperado pacientemente la llegada del funicular. A su llegada, han bajado los viajeros por un lado y el resto hemos subido por el otro. Íbamos de pie y un poco enlatados, pero enseguida nos hemos olvidado, cuando hemos empezado a ascender, ¡y de qué manera!. Ha sido casi una subida en vertical de 500 metros. Impresionante. En pocos segundos ya teníamos una visión panorámica de Bogotá.


Y casi lo mejor ha sido cuando una abuelita inspirada por las vistas y a fe se ha puesto a cantar a la Virgen. Hemos acabado todos aplaudiendo y pidiendo otra, otra. En pocos minutos hemos llegado a la cima y enseguida hemos notado el cambio de temperatura. Pero no ha importado: allí bajo nuestros pies teníamos la extensa Bogotá. Nada mas y nada menos que 1.700 km2 de construcciones casas, edificios, rascacielos, centros comerciales, chabolas,... Nuestra cámara ha necesitado hacer 4 fotos para captar toda la panorámica.


Hemos subido por el Viacrucis: un bonito sendero rodeado de frondosa vegetación y pura selva, donde cada poco encontrabas imágenes en bronce de la condena de Jesús, el encuentro con la Virgen, la primera caída, el encuentro con Verónica para secarle el sudor, la segunda caída, el consuelo de Jesús a otras mujeres y la muerte final. Personas devotas se paraban frente cada imagen a rezar. Al final del Viacrucis se llega a la Cascada de la Cruz. Son pequeños saltos de agua y arriba del todo una cruz hecha de musgo. 




















Detrás de ella y tras subir un tramo de escaleras encuentras la Iglesia.El exterior de la iglesia de Monserrate no es nada espectacular: un sencillo edificio blanco sin ninguna pretensión. El interior es igual de austero. Al llegar estaban en medio de la misa y el edificio estaba lleno a rebosar. La devoción se notaba en el ambiente. 


Justo detrás de la iglesia hay una calle empinada llena de puestos de souvenirs y bebidas calientes: mate de coca (para el mal de altura), tinto (café), perico (cortado), canelazo ( infusión con licor de anís y canela) y carajillo. Cuando acaba la subida hay decenas de puestos que venden queso fresco y cuajada con bocadillo (dulce de guayaba), arequipe (dulce de leche) y una especie de coulis de mora. Todos te ofrecen queso para probar. Los sirven un platos pequeños con cuchara de plástico.
A la derecha sigue una callejuela repleta de restaurantes o más bien chiringos para comer (el que pueda comer todo eso, claro): papas criollas, papas con sal, yuca, aguacate, plátano en bocadillo (plátano frito relleno de queso y dulce de guayaba), sopa de raíz (sopa de testículos), sopa de menudos, bandeja paisa (plato típico de Medellín con carne de res, cerdo, embutido, arroz,...), pollo, chorizo, carne de res, carne de cerdo, arroz, fríjoles, entrañas, vísceras,... todo frito y calentado en la misma plancha. Las cantidades de comida son enormes. En las mesas servían bandejas rebosantes de estas delicatessen.

 














Nosotros que no comemos carne, nos costaba respirar. Todos esos olores tan densos y penetrantes. Aún con eso, yo me he atrevido a comer. Cuando le he preguntado a una camarera qué podía comer que no fuera carne, casi se desmaya. Al final he pedido un plato combinado con yuca, papas, aguacate y plátano. Todo por 7000 pesos (unos 3 euros). Todo calentado en la plancha de carne,... Mejor no pensar. 


No es de extrañar que Colombia tenga fama de país violento. En el interior son mayoritariamente carnívoros y grandes consumidores de hidratos de carbono de mala calidad: arroz blanco, patatas, yuca y fritangas.  Pepe se ha conformado con un plato de queso y dulce de guayaba. 

Para bajar el banquete hemos decidido bajar los 1500 escalones. Pero no sin antes cumplir nuestro cometido de plantar la antena de Paz de Merry Human Life: 


Hemos buscado un lugar escondido donde los jardineros no la puedan encontrar. Y como el encargado de saltar vallas prohibidas es Pepe, pero llevaba a Clara en la Manduca, he tenido que saltar yo, mirando que nadie me viera, mientras Pepe vigilaba. La he plantado detrás de la imagen de la segunda caída de Jesús, en el Viacrucis, entre la densa vegetación y bien profunda para que haga su función de antena de la Paz.


Después hemos emprendido el camino de regreso por las escaleras. De piedra y muy empinadas y nada uniformes. Un rompe piernas, pero muy entretenido porque todo el trayecto está lleno de vendedores que te ofrecen souvenirs, bebida y comida. Si algún peregrino va con la intención de hacer un camino silencioso e interior, lo tiene complicado. Al bajar nos hemos cruzado con personas que subían y a juzgar por sus caras no debe ser coser y cantar. A tener en cuenta el desnivel, el estado de las escaleras y la altura.  Cuando hemos llegado abajo las piernas me temblaban y los cuadriceps me ardían.
En la llegada o salida (según se mire) está también lleno de tenderetes para comprar dulces, saladitos, helados,... de todo para reponer fuerzas.
Incluso había un señor con una llama y hemos aprovechado para hacerle una foto con Clara montada sobre ella. Me ha recordado una foto que tiene mi hermano subido sobre un ponny.


Monserrate nos ha decepcionado un poco. Nos esperábamos una iglesia más espectacular  y habíamos oído que había una Moreneta. Yo casi iba con ganas de cantar el Virolai. Nada de eso pero las vistas y el entorno son espectaculares. Y nuestra antenita ya estará haciendo efecto. 

Paz, luz y amor
Perdón, compasión y memoria

viernes, 27 de julio de 2012

EL PARQUE DEL CHICÓ

¿Os acordáis que os había hablado del Parque del Virrey? Pues hoy he descubierto otro parque todavía mejor: el parque del Chicó. Una maravilla en cuanto a parques se refiere. El parque del Chicó abarca varias cuadras (manzanas) que va desde la 94 a la 92 y entre la 7 y la 9. 

Si el Virrey era un lugar de paseo para personas y animales, el Chicó es el lugar perfecto para los niños. Toda la superficie está cubierta por césped verde y mullido. Cada ciertos metros hay estaques de agua cristalina con formas caprichosas: redondos, cuadrados, ovalados, en forma de estrella... Incluso algunos de ellos tienen en su centro una fuente o saltos de agua. Los pájaros se acercan a beber en ellos y puede que hasta alguno valiente se moje sus plumas en las frías aguas. Los niños hacen navegar sus barcos, se mojan las manos o lanzan piedras mientras miran los círculos que dibuja el agua. 


En la parte alta del parque hay un estanque grande con patos y ocas. Ayer un pato de plumas blancas y negras era abucheado por la ocas de plumas blancas. Parecía como si a las ocas les molestara su presencia y lo quisieran echar. Me recordó al cuento de El Patito Feo porque las ocas no pararon hasta sacar al pato fuera del estanque.


El parque goza de zonas de sol y de sombra gracias a los árboles que hay, algunos de ellos centenarios, de altos y enormes troncos. Hay pinos, liquidambar, eucaliptus, sauces, ficus, palmeras, mimosas, abetos, plataneros... y mis favoritos, que son unos de color azul grisáceo con hojas como de terciopelo. 
También hay flores que enmarcan el parque: hortensias de colores y clivias violetas. 



Para los mas pequeños hay inofensivos toboganes de 3 o 4 peldaños, columpios con barra de protección de madera, caballitos que botan, elefantes que ruedan, delfines que se balancean, zonas de tierra y arena y mucho espacio donde correr.


























Para los no tan pequeños, hay toboganes con pendiente de vértigo, ruedas que dan vueltas a toda velocidad, barras paralelas, cuerdas con nudos para escalar, pasarelas de madera, columpios...


En la entrada hay una biblioteca y zona de talleres para niños que se llama Desaburridos. Los niños están de vacaciones de verano y aprovechan para entretenerse en este centro. Allí los niños pintan, dibujan, recortan y escuchan cuentos. Ahora mismo, mientras escribo, están sentados en mesas y sillas de colores al aire libre mientras las monitoras les cantan y les dicen lo que tienen que dibujar. Todos ríen. Se les ve felices.

Por la tarde está lleno de niños y papas pero por la mañana es un lugar ideal para leer, escribir o simplemente contemplar su belleza. 

El Chicó es otros pulmón verde dentro de Bogotá. Necesario para oxigenar esta contaminada ciudad y para ver a nuestros hijos crecer y disfrutar. 

jueves, 21 de junio de 2012

EL PARQUE DEL VIRREY


El Parque del Virrey se encuentra entre la carrera 20 y 15 con la calle 87 y la 86.
Para orientaros: las calles van de este a oeste y suben de número a medida que van hacia el norte, mientras que las carreras van de norte a sur y suben de número a medida que van hacia el oeste, es decir, a medida que se alejan de las montañas.

Este parque es un pulmón verde en el norte de Bogotá. El parque está lleno de altos árboles, arbustos y césped. Hay un puente para cruzar el río Negro, que debe deber su nombre al color del agua por la que él circula. El parque está atravesado por 4 caminos con baldosas y un carril de bici.  Por ellos está lleno de personas andando, haciendo footing, marcha atlética, montando en bici o simplemente paseando. Y es que en Bogotá la gente hace mucho ejercicio, tanto personas jóvenes como mayores. 

A lo largo del parque hay varias zonas con aparatos para hacer gimnasia: los hay para fortalecer brazos que son como dos timones y tienes que hacer rodar hacia un sentido y el otro, para fortalecer piernas y glúteos que son una especie de bicis estáticas que tienes que accionar hacia arriba y hacia abajo, steppers, barras para hacer dominadas, bancos de abdominales, espalderas,…  y un sinfín de instalaciones para cultivar el cuerpo. 

Ayer paseando vi 4 chicos rodeados de 15 perros. Grandes, pequeños, pero todos de raza, preciosos. Y es que en Bogotá la gente pudiente tiene paseadores de perros que les sacan los perros al parque a pasear. Se juntan varios paseadores y como cada uno lleva varios, aquello parece una fiesta de sabuesos.
Otras personas van al parque a comer tipo picnic, a charlar con los amigos o incluso a hacer la siesta tumbados sobre el manto verde de césped. Puedes ver casi de todo. Cada uno a su aire y de la manera que mejor le parezca. 

Los viernes hay un mercado de fruta y verdura. Se llama Placita Móvil y venden toda clase de verdura, fruta, huevos, quesos y también hay un puesto donde puedes comprar baterías de cocina y otros utensilios. Hay gente local comprando por lo que debe ser una buena opción. Comparando precios con los del supermercado Carulla y la tienda Servifruver, es más económica y la calidad es buena. Cuando te ven llegar, enseguida se ofrecen a ayudarte “yo le colabora señora”. Te asignan una caja de verdura en el suelo y tú vas poniendo todo lo que compras dentro. El último día incluso tenía una dependienta a mi lado que me seguía con una cesta colgada del brazo e iba cogiendo todo lo que yo iba comprando. Cuando has terminado cogen la caja grande y la ponen en la caja de pago. Pagas y listo. La atención que te dan los bogotanos es espectacular. Te tratan como un rey, y te dicen cosas como “a la orden”, “para lo que usted quiera”, “con gusto”. Y aunque te sientas un poco extraño con tantas atenciones, tienes que dejarte querer porque es a lo que están acostumbrados y se ofenden si impides que lo hagan. 

Hoy he decidido mimetizarme con el entorno y empezar a copiar el ejemplo saludable de los bogotanos de hacer ejercicio por el parque. Me he puesto mis leggings de hacer spinning, una camiseta negra de manga corta, sudadera, gorra, gafas de sol, mis bambas Victoria y la Manduca en la espalda con Clara dentro.  He empezado a andar por uno de los caminos y he ido subiendo y bajando por cada uno de ellos hasta dar dos vueltas. En total unos 40 minutos andando con los auriculares puestos escuchando Dos Pájaros de un Tiro de Sabina y Serrat. Ha sido genial. El parque tiene zonas de sombra y otras de sol, te vas cruzando con gente que hace lo mismo que tú y pasas un rato agradable moviendo las piernas y el corazón. Al terminar he buscado un trozo de césped con sombra y he hecho algunos ejercicios de suelo y estiramientos. Mientras tanto Clara andaba alrededor mío cogiendo hojas caídas de los árboles y trozos de ramas y me las iba trayendo. Voy a intentar coger esta rutina como algo habitual.


Nuestro “apartamento” está muy cerca del parque y el nuevo piso que estamos buscando será por esta zona para poder disfrutar de todo lo que el Parque del Virrey ofrece.

martes, 19 de junio de 2012

BARRIO DE LA CANDELARIA


Hoy hemos ido de visita al barrio de la Candelaria. Es uno de los barrios más emblemáticos de Bogotá por ser el barrio colonial de Bogotá.
Solo bajar del taxi ya nos han timado: hemos visto un puesto de calle donde vendían patatas (nos han dicho que era yuca), churros y plátano frito con sal. Nos hemos acercado tan alegremente y hemos pedido un cucurucho de yuca. El señor tendero nos ha dicho que costaban 3.000 COP (unos 3 euros). Le hemos pagado y acto seguido nos ha empezado a dar más patatas en las manos, también nos ha llenado de banana para que la probásemos. Nos ha hecho sospechar, pero el mal ya estaba hecho. Veinte metros más abajo había otro puestecito que vendía lo mismo.  Hemos preguntado el precio y nos han dicho 1.200 COP. En fin, es la novatada. Tenemos asumido que somos unos recién llegados y hasta que no cojamos ritmo nos pasaran cosas como estas. Pero tan contentos hemos llegado a la Plaza Bolívar. 

El nombre de la plaza se debe a Simón Bolívar. Se le conoce como “el libertador” y es considerado un héroe de la nación. Luchó contra los españoles por todo Suramérica y fue presidente de Colombia.  Y aunque acabó solo, derrotado y enfermo tiene su lugar en el corazón de la Candelaria. Pues bien, al entrar a la plaza hemos visto su estatua llena de banderas azules y blancas. Toda la plaza estaba llena de gente con camisetas, paraguas, banderas y bufandas de estos colores. Cantaban, bailaban y gritaban. Hemos imaginado que estaban celebrando alguna fiesta nacional, las fiestas patrias o algo así, porque hoy ha sido fiesta en Bogotá. La alegría era frenética y todo el mundo se abrazaba y daba saltos. Nos hemos decidido a preguntar a que se debía la celebración y tendrías que haber visto la cara que se nos ha quedado cuando nos han dicho que celebraban el cumpleaños de “Los Millonarios”, el equipo de fútbol más grande de Colombia.  Y les hemos dicho “Pero, ¿habéis ganado algo?” y nos han dicho “No señor, estamos celebrando el 66 cumpleaños de Los Millonarios, el equipo más grande de Colombia”. Que patriotismo. En cierta manera me da envidia ver una país tan unido, celebrando que hace 66 años se fundó su equipo de fútbol. Ni triunfos, ni copas, ni nada, solo un cumpleaños.


Hemos seguido callejeando por la Candelaria seguidos de bombos, trompetas y cánticos, hasta que hemos conseguido perdernos por las empinadas callejuelas de este precioso barrio. Algunas calles son de adoquines y las casas bajas, pintadas de vivos colores y algunas de ellas con balcones de madera. Precioso. Parte del encanto reside en la combinación de algunas casas destartaladas con otras más nuevas. 











Hay una curiosidad y son algunas figuras de color verde hechas de material reciclado situadas en balcones y azoteas. Representan comuneros locales, es decir, ciudadanos de a pie y parece que estén vigilando lo que pasa por las calles. El autor fue Jorge Olavé.


Entre los sitios de interés hay el Museo Botero, la casa de la Moneda, la Catedral Primada, la Iglesia de Santa Clara y muchos otros museos. Lo que más me ha gustado es la Plazoleta del Chorro de Quevedo. Unos dicen que Bogotá se fundó en esta plazoleta, aunque otros mantienen que el lugar fue la plaza Bolívar. En cualquier caso nos hemos pasado largo rato en esta pequeña plaza llena de lugareños jugando a pelota (una pelota pequeña, de tela, rellena de arena),  tomando chicha, vendiendo obleas (arequipe-dulce de leche- entre dos obleas redondas gigantes), paseando. Incluso hemos podido deleitarnos los oídos con dos chicos que contaban micro-cuentos, como ellos mismos decían. Una amable vendedora de tamales (envueltos de hoja de plátano rellenos de arroz y pollo) le ha regalado galletas a Clara y hemos estado charlando con ella muy a gusto. De momento toda la  gente que estamos conociendo es muy amable y nos tratan con mucho respeto y cariño.


Lo mismo nos ha pasado a la hora de comer. No había muchos restaurantes abiertos y hemos acabado en La Puerta del Real. Un sitio recién inaugurado, lleno de antigüedades y cachivaches. El dueño era un Cachaco amante de los objetos antiguos y  acumulaba ropas de la época, partes de coches: luces, parachoques, billetes antiguos, teléfonos, cuadros, camafeos. Más que un restaurante parecía  un museo. Nos ha invitado a ver sus colecciones e incluso a hacernos fotos con algunos atuendos.


En definitiva hemos descubierto un poquito más de esta bonita ciudad.